Los problemas de la democracia en Venezuela son una consecuencia de los errores cometidos por los dos partidos de masas, AD y Copei, a partir de la década de los 70. Esos problemas parecen persistir en estas dos organizaciones hoy en día. Otros partidos como PJ, no han logrado superar sus limitaciones conceptuales para convertirse en partidos de masas. Los
nuevos partidos son más apropiados para una democracia liberal que una
democracia populista como lo ha sido y lo es Venezuela. Es necesario que los antiguos partidos de masas recobren vigor si se desea tener una alternativa real al único partido de masas que existe hoy en día: el PSUV.
A continuación presento un extracto del libro Democracy - A very short introduction de B. Crick. (pág. 111) discutiendo la degeneración del sistema político en Gran Bretaña. Los paralelismos con Venezuela son evidentes:
Pero llegó un momento en que el éxito del capitalismo de post-guerra había creado una clase media más grande que la antigua clase obrera, en gran parte, una nueva clase media capaz de gastar dinero en bienes de consumo, distanciándose de las precariedades de la vida previa, en donde se tenía apenas lo necesario, y de ahorro por las situación de emergencia. En Gran Bretaña las tiendas de cooperativas fueron reemplazadas por los supermercados. Nace la sociedad de consumo. El thatcherismo y el reaganismo no la crearon. Estos son productos de aquella. Estos podían ganar ahora las elecciones sin preocuparse demasiado por el bienestar de una clase obrera,que, por primera vez en la historia, ya no era la mayoría. De hecho los obreros se convirtieron rápidamente en ciudadanos de segunda clase, despolitizada, desorganizada, y ya no están protegidos por un sistema democrático de partidos en competencia.
Los líderes del partido podían llevar a cabo las campañas electorales poniendo a un lado las cuestiones difíciles con respuestas vagas sin un debate serio real. Los partidos concentran sus esfuerzos en el punto medio: impuestos más bajos reemplazan al gasto público como ofertas electorales. La nueva clase media era mucho más individualista que la clase media de antaño, más egocéntrica y centrada en la familia con menos simpatía por el servicio público, escéptica sobre la noción de que los derechos implican obligaciones y responsabilidades. Los líderes del partido y los administradores se interesaron abiertamente y sin vergüenza alguna en tácticas electorales inmediatistas, proyección de la personalidad y en la presentación de los medios de comunicación y dejaron de lado la concepción y la defensa de las ideas y políticas a largo plazo para atender las necesidades sociales. Muchos de los intelectuales urbanos que alguna vez fueron tan influyentes en la política socialdemócrata ahora se ocupaban de grandes pequeñas causas tales como salvar a las ballenas, la prohibición de alimentos transgénicos, los derechos de los animales, etc, y dejaron a un lado la pobreza o la injusticia económica. Ellos atacan el racismo como una afrenta a la dignidad humana y cualquier tipo de democracia, pero no enfrentan las causas fundamentales de la discriminación: la pobreza extrema, desventaja económica o incluso la pobreza relativa.
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viernes, 26 de octubre de 2012
lunes, 22 de octubre de 2012
Pueblo vs. turba
"Hannah Arendt en sus orígenes del totalitarismo distinguia entre el pueblo y la turba. El pueblo busca estar efectivamente representado políticamente, mientras que la turba odia a la sociedad de la que ha sido excluida. Curiosamente ella los llamaba un residuo de todas las clases (la clase social y ocupación de los hooligans puestos bajo arresto es más heterogénea de lo que muchos esperan). La turba, argumentaba Arendt, es altamente individualista, lo quiere todo para si; a menos que surja un líder carismático para legitimar su sentido de ser parias de la sociedad, para unir sus odios comunes por más tiempo que el que dura un disturbio súbito."
Extracto de Democracy - A very short introduction, B. Crick. pág. 86.
Extracto de Democracy - A very short introduction, B. Crick. pág. 86.
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jueves, 7 de junio de 2012
Épica bolibananera
El 7 de Octubre es la elección presidencial en Venezuela. Se trata de escoger entre dos alternativas políticas que ofrecen
propuestas completamente distintas de como solucionar los problemas del país. Puede argumentarse que cada bando quieren lo mismo: mejor calidad de vida para los ciudadanos y
acabar con la pobreza. La diferencia entre ellos son las
visiones irreconciliables del país que se tienen, que van desde el diagnóstico de los
problemas hasta el grupo de propuestas para solucionarlos.
No se trata pues, de una lucha entre “la ideología burguesa de la clase históricamente dominante, respaldada por el imperialismo norteamericano” y “la continuidad de las ideas bolivarianas, de construir una sociedad justa, igualitaria, democrática y participativa que responda a los intereses de las grandes mayorías que vivieron durante décadas privadas de sus derechos”. Nada más lejos que eso. Desechando las posturas histriónicas de la épica bolibananera, se trata de un proceso electoral en el que se elige entre dos visiones de país.
De acuerdo al discurso chavista, el origen de la pobreza y el subdesarrollo venezolano radica en el capitalismo, el imperialismo y en el servilisimo pro-yanqui de los partidos que gobernaron en el pasado. La solución a esto es la aniquilación del capitalismo mundial y el fin del imperio norteamericano, comenzando por los lacayos de esos oscuros intereses que habitan en el país. Mientras no se logren esos objetivos, no será posible acabar con la pobreza y lograr la paz y justicia social ni en el país ni en el mundo.
Pero la verdad es que esta escena sacada de los libretos de la izquierda radical de los sesenta es más apropiada para la época de la Guerra Fría que para estos tiempos modernos. De ese legado se alimenta ese grupo vetusto de líderes del chavismo, obsesionado con imitar proyectos colectivistas que ya fracasaron en la Unión Soviética y en Cuba. Peor aún, todo esto se entremezcla con conceptos propios del tercer mundo como la economía conuquera y la cultura del rancho. Es el "como vaya viniendo vamos viendo" de Eudomar Santos convertido en política de Estado, disimulada bajo un puñado de consignas populistas y revanchistas más propias de las montoneras que de un movimiento político serio.
Esta política "eudomariana" combinada con los delirios antiimperialistas explica cosas como el colapso de los sistemas eléctrico, sanitario y de transporte, la escasez de alimentos, medicamentos y otros bienes básicos como la vivienda, un sistema judicial y penitenciario que va en caída libre, así como la violencia, impunidad y corrupción en todos los niveles del Estado. Todos estas son tareas del Estado en las que el gobierno ha fracasado estrepitosamente.
El único gran éxito del gobierno ha sido el inventar excusas y acusar a enemigos reales o imaginarios. Iguanas, paracachitos, saboteadores que nunca se descubren, medios golpistas, Uribe, Obama y pare Ud. de contar. Si algo nunca hará falta resolver en este gobierno es la escasez de excusas y acusaciones, pues en eso destacan todos los Ministros y voceros del gobierno. Ministro de Energía Eléctrica? Excusas. Ministra de Prisiones? Excusas. Ministro de Interior y Justicia? Excusas y Ollas.
Si el país quiere echar para adelante, progresar como lo han hecho todos los países vecinos, será necesario dejar las excusas y reproches a un lado y buscar gente que si pueda resolver.El 7 de octubre hay que votar en contra de los mediocres que inventan excusas, de los ineptos que no resuelven sino que le echan la culpa a otros y a los improvisados que alardean de planes nacionales que no son más que fracaso.
Es hora de dejar a un lado los soldaditos de juguete y la guachafita de la revolución bolibananera. Es hora de actuar responsablemente y escoger a gente competente y responsable. O es que pensamos seguir 6 años más con gente de probada incompetencia como Jaua, Ramírez, El-Aissami y Varela manejando el país?
No se trata pues, de una lucha entre “la ideología burguesa de la clase históricamente dominante, respaldada por el imperialismo norteamericano” y “la continuidad de las ideas bolivarianas, de construir una sociedad justa, igualitaria, democrática y participativa que responda a los intereses de las grandes mayorías que vivieron durante décadas privadas de sus derechos”. Nada más lejos que eso. Desechando las posturas histriónicas de la épica bolibananera, se trata de un proceso electoral en el que se elige entre dos visiones de país.
De acuerdo al discurso chavista, el origen de la pobreza y el subdesarrollo venezolano radica en el capitalismo, el imperialismo y en el servilisimo pro-yanqui de los partidos que gobernaron en el pasado. La solución a esto es la aniquilación del capitalismo mundial y el fin del imperio norteamericano, comenzando por los lacayos de esos oscuros intereses que habitan en el país. Mientras no se logren esos objetivos, no será posible acabar con la pobreza y lograr la paz y justicia social ni en el país ni en el mundo.
Pero la verdad es que esta escena sacada de los libretos de la izquierda radical de los sesenta es más apropiada para la época de la Guerra Fría que para estos tiempos modernos. De ese legado se alimenta ese grupo vetusto de líderes del chavismo, obsesionado con imitar proyectos colectivistas que ya fracasaron en la Unión Soviética y en Cuba. Peor aún, todo esto se entremezcla con conceptos propios del tercer mundo como la economía conuquera y la cultura del rancho. Es el "como vaya viniendo vamos viendo" de Eudomar Santos convertido en política de Estado, disimulada bajo un puñado de consignas populistas y revanchistas más propias de las montoneras que de un movimiento político serio.
Esta política "eudomariana" combinada con los delirios antiimperialistas explica cosas como el colapso de los sistemas eléctrico, sanitario y de transporte, la escasez de alimentos, medicamentos y otros bienes básicos como la vivienda, un sistema judicial y penitenciario que va en caída libre, así como la violencia, impunidad y corrupción en todos los niveles del Estado. Todos estas son tareas del Estado en las que el gobierno ha fracasado estrepitosamente.
El único gran éxito del gobierno ha sido el inventar excusas y acusar a enemigos reales o imaginarios. Iguanas, paracachitos, saboteadores que nunca se descubren, medios golpistas, Uribe, Obama y pare Ud. de contar. Si algo nunca hará falta resolver en este gobierno es la escasez de excusas y acusaciones, pues en eso destacan todos los Ministros y voceros del gobierno. Ministro de Energía Eléctrica? Excusas. Ministra de Prisiones? Excusas. Ministro de Interior y Justicia? Excusas y Ollas.
Si el país quiere echar para adelante, progresar como lo han hecho todos los países vecinos, será necesario dejar las excusas y reproches a un lado y buscar gente que si pueda resolver.El 7 de octubre hay que votar en contra de los mediocres que inventan excusas, de los ineptos que no resuelven sino que le echan la culpa a otros y a los improvisados que alardean de planes nacionales que no son más que fracaso.
Es hora de dejar a un lado los soldaditos de juguete y la guachafita de la revolución bolibananera. Es hora de actuar responsablemente y escoger a gente competente y responsable. O es que pensamos seguir 6 años más con gente de probada incompetencia como Jaua, Ramírez, El-Aissami y Varela manejando el país?
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martes, 12 de julio de 2011
Chávez no es indispensable
Todos hacen anuncios apocalíticos ante una potencial ausencia de Chávez. Se dice que la ausencia de Chávez desatará una lucha de poder entre las diversas facciones del chavismo, y que incluso en la oposición se desataría una lucha semejante, siendo la única diferencia que la lucha interna del chavismo podría derivar en un conflicto armado que causaría muchos daños.
Todo esto, combinado con la debilidad de nuestras instituciones llevará a nuestra precaria democracia a un estado tal que los militares tendrán que intervenir y todo derivará en una dictadura.
Honestamente, no creo que la sangre llegué al río. Aún cuando Chávez desaparezca, son pocos los venezolanos que han demostrado estar dispuestos a jugarse el pellejo. Cuantas de las grandes figuras del gobierno salieron a dar la cara el 11 de abril de 2002? Lo más probable es que quien gane el favor del ejército en un caso extremo sea el grupo que ofrezca la mayor credibilidad. Eso es lo que ha pasado anteriormente en Venezuela. Así ocurrió en 2002, en 1992, en 1958, etc...
El escenario de una dictadura militar o de un conflicto general, tal como anuncian algunos fatalistas es poco probable. No obstante, si es importante que la oposición se prepare para tener una mano ganadora en semejante caso. Cómo? Simplemente demostrando que de verdad están preparados para asumir las riendas del gobierno. Si se logra ganar el apoyo popular para un gobierno de oposición, poco importa que alguien le esté calentando la oreja al ejército, porque los militares no tendrán más alternativa que aceptar los deseos del pueblo.
Si hay algo que ha quedado claro, es que nuestro ejército no saldrá a matar ciudadanos para soportar una dictadura militar. De ser eso cierto, hace rato que ya estaría instalada en nuestro país una dictadura.
En todo caso, en caso de que Chávez salga del escenario, no le quedará a los que queden otra alternativa que entenderse. Así funciona la política sans Caudillo. Ese mito de que Chávez es indispensable para la estabilidad del país y que algunos opositores se tragan fácilmente no es más que parte de la propaganda de un caudillo que trata de mantenerse en el poder.
Cómo diría el refrán: el que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá.
Todo esto, combinado con la debilidad de nuestras instituciones llevará a nuestra precaria democracia a un estado tal que los militares tendrán que intervenir y todo derivará en una dictadura.
Honestamente, no creo que la sangre llegué al río. Aún cuando Chávez desaparezca, son pocos los venezolanos que han demostrado estar dispuestos a jugarse el pellejo. Cuantas de las grandes figuras del gobierno salieron a dar la cara el 11 de abril de 2002? Lo más probable es que quien gane el favor del ejército en un caso extremo sea el grupo que ofrezca la mayor credibilidad. Eso es lo que ha pasado anteriormente en Venezuela. Así ocurrió en 2002, en 1992, en 1958, etc...
El escenario de una dictadura militar o de un conflicto general, tal como anuncian algunos fatalistas es poco probable. No obstante, si es importante que la oposición se prepare para tener una mano ganadora en semejante caso. Cómo? Simplemente demostrando que de verdad están preparados para asumir las riendas del gobierno. Si se logra ganar el apoyo popular para un gobierno de oposición, poco importa que alguien le esté calentando la oreja al ejército, porque los militares no tendrán más alternativa que aceptar los deseos del pueblo.
Si hay algo que ha quedado claro, es que nuestro ejército no saldrá a matar ciudadanos para soportar una dictadura militar. De ser eso cierto, hace rato que ya estaría instalada en nuestro país una dictadura.
En todo caso, en caso de que Chávez salga del escenario, no le quedará a los que queden otra alternativa que entenderse. Así funciona la política sans Caudillo. Ese mito de que Chávez es indispensable para la estabilidad del país y que algunos opositores se tragan fácilmente no es más que parte de la propaganda de un caudillo que trata de mantenerse en el poder.
Cómo diría el refrán: el que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá.
miércoles, 6 de julio de 2011
paciente en estado crítico
Ya el presidente Chávez volvió a Venezuela, poniendo con ello fin a la discusión sobre si existe o no vacío de poder. Eso es un alivio para aquellos que vemos con desconfianza la estrecha relación del gobierno con la dictadura cubana.
Creo que también es hora de poner punto final a la discusión - o más bien especulación - sobre la salud de Chávez. Venezuela no es una monarquía en la que una potencial disputa sucesoral puede llevar a una guerra civil. Todavía somos una democracia, y dentro de pocos meses realizará elecciones para elegir un presidente.
Si Chávez tiene cáncer terminal, o si su enfermedad es todavía tratable, es sólo de interés para el presidente, su familia y personas cercanas. Quizás pueda ser de interés para algunas personas que se aprovechan de su cercanía para usufructar del gobierno, pero no debe dominar la agenda política nacional.
Más importante, sin lugar a dudas, es la salud de nuestro país. Corrupción, ineficiencia y populismo han hecho metástasis, invadiendo nuestras instituciones, industrias productivas e incluso nuestras vidas privadas.
Más que preocuparnos por algo de lo que no tenemos control - como es la salud del presidente - deberíamos pensar en cual debe ser el tratamiento contra el cáncer que carcome nuestro país.
Creo que también es hora de poner punto final a la discusión - o más bien especulación - sobre la salud de Chávez. Venezuela no es una monarquía en la que una potencial disputa sucesoral puede llevar a una guerra civil. Todavía somos una democracia, y dentro de pocos meses realizará elecciones para elegir un presidente.
Si Chávez tiene cáncer terminal, o si su enfermedad es todavía tratable, es sólo de interés para el presidente, su familia y personas cercanas. Quizás pueda ser de interés para algunas personas que se aprovechan de su cercanía para usufructar del gobierno, pero no debe dominar la agenda política nacional.
Más importante, sin lugar a dudas, es la salud de nuestro país. Corrupción, ineficiencia y populismo han hecho metástasis, invadiendo nuestras instituciones, industrias productivas e incluso nuestras vidas privadas.
Más que preocuparnos por algo de lo que no tenemos control - como es la salud del presidente - deberíamos pensar en cual debe ser el tratamiento contra el cáncer que carcome nuestro país.
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miércoles, 11 de mayo de 2011
el éxito no se improvisa
Todos anhelamos un sistema de gobierno perfecto. Creo que eso es algo en lo que todas las personas coincidimos. Las diferencias comienzan cuando tratamos de definir esa perfección de la que hablamos. Aún más, mucho antes de tratar de alcanzar un acuerdo con otros sobre el sistema ideal, muchas veces es difícil decir lo queremos y muchos menos lo que necesitamos del mismo.
Creo que esa necesidad la he planteado anteriormente cuando he hablado del árido paisaje de nuestra política. No hay una visión de como debería funcionar el país. No hay una ruta clara de como salir del escollo actual en que nos encontramos. No creo ser el único venezolano que siente que el problema de nuestro sistema político no se trata solamente de salir de Chávez.
Que Chávez tenga doce años en el poder no sólo es resultado de su talento político, de la asesoría cubana o de sus estrategia maquiavélicas. Su permanencia en el poder es consecuencia de la ausencia de una alternativa política con ideas claras, con una visión de país con la que se identifiquen los electores.
El ascenso y permanencia de Chávez en el poder es una consecuencia de que los partidos políticos no se han ocupado de su tarea desde hace décadas, esto es, desarrollar una visión de país y venderla al elector.
Recuerdo hace un par de años oir a Yon Goicoechea mencionar el congreso ideológico de Primero Justicia. También recuerdo que el decía que PJ es un partido centro-humanista. Hace poco entré en la página del Partido Verde, un partido de línea ecológica al estilo de lo que se encuentra en Europa. COPEI se reetiquetó hace poco como Partido Popular, siguiendo el ejemplo de la derecha española. Si mal no recuerdo un dirigente de UNT diferenciaba entre democracia social y social-democracia, sea lo que fuere esta diferencia.
La pregunta es: a qué nos lleva toda esta perorata? De qué sirve esto? Entiendo la necesidad de descubrir ideas, de discutirlas y de madurar un proyecto político. Eso es parte del proceso. Pero es que acaso estos partidos que hoy aspiran a la presidencia no son proyectos políticos con al menos una década de existencia? Es que acaso la gente entra en política sin una idea siquiera vaga de a lo que aspira? Pareciera que en Venezuela, las personas que entran a la política lo hacen bajo la enseña de Eudomar Santos: como vaya viniendo vamos viendo. Cero ideas y cuando haga falta, se lanzan algunas frases pegajosas para ver si alguien se las cree. De esa manera lo único que se garantiza es el fracaso.
Para una muestra de como la improvisación nos lleva al fracaso basta ver la obra de (des)gobierno de la última década: colapso en todos y cada uno de los sectores de la administración pública: salud, educación, servicios básicos, transporte público, seguridad. Incluso hasta la industria petrolera ha llegado el fracaso causado por este atajo de idiocratas improvisados.
El éxito no se improvisa. Los partidos políticos deben entender esa máxima. No basta con buscar una cara bonita y hacer que diga un par de cosas que agraden a los electores. Hace falta tener claro de donde venimos, donde estamos y, aún más importante, hacia donde debemos ir.
Si los partidos políticos hubiesen hecho su tarea, ya muchas de esas propuestas de hacia donde debemos ir estarían listas. Al parecer no es el caso. No obstante, no es demasiado tarde para corregir esta falla.
Mucho del análisis requerido en sectores críticos de la administración pública ya se ha adelantado A la sombra, en muchos sectores de nuestra sociedad, y sin que ningún político haya prestado atención hasta ahora, existen propuestas concretas sobre como reformar nuestros sistemas educativos, de salud, penitenciario y de seguridad. Lo mismo ocurre con los servicios básicos, vialidad y transporte.
Diversos estudios y trabajos publicados por El Nacional, la Universidad Católica Andrés Bello, CEDICE y otras organizaciones ofrecen múltiples alternativas y visiones sobre como abordar muchos de los problemas de nuestro país. Sólo hace falta gente dispuesta a oir y a hacerse eco de esas propuestas, para que integradas como un proyecto político sean una alternativa real a la improvisación que nos lleva al abismo.
Es hora de que los partidos asuman su tarea con seriedad y se preparen para llevar las riendas del país como corresponde: dejando atrás la improvisación y empezando a actuar como corresponde a los líderes de una nación.
El éxito no se improvisa.
Creo que esa necesidad la he planteado anteriormente cuando he hablado del árido paisaje de nuestra política. No hay una visión de como debería funcionar el país. No hay una ruta clara de como salir del escollo actual en que nos encontramos. No creo ser el único venezolano que siente que el problema de nuestro sistema político no se trata solamente de salir de Chávez.
Que Chávez tenga doce años en el poder no sólo es resultado de su talento político, de la asesoría cubana o de sus estrategia maquiavélicas. Su permanencia en el poder es consecuencia de la ausencia de una alternativa política con ideas claras, con una visión de país con la que se identifiquen los electores.
El ascenso y permanencia de Chávez en el poder es una consecuencia de que los partidos políticos no se han ocupado de su tarea desde hace décadas, esto es, desarrollar una visión de país y venderla al elector.
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Recuerdo hace un par de años oir a Yon Goicoechea mencionar el congreso ideológico de Primero Justicia. También recuerdo que el decía que PJ es un partido centro-humanista. Hace poco entré en la página del Partido Verde, un partido de línea ecológica al estilo de lo que se encuentra en Europa. COPEI se reetiquetó hace poco como Partido Popular, siguiendo el ejemplo de la derecha española. Si mal no recuerdo un dirigente de UNT diferenciaba entre democracia social y social-democracia, sea lo que fuere esta diferencia.
La pregunta es: a qué nos lleva toda esta perorata? De qué sirve esto? Entiendo la necesidad de descubrir ideas, de discutirlas y de madurar un proyecto político. Eso es parte del proceso. Pero es que acaso estos partidos que hoy aspiran a la presidencia no son proyectos políticos con al menos una década de existencia? Es que acaso la gente entra en política sin una idea siquiera vaga de a lo que aspira? Pareciera que en Venezuela, las personas que entran a la política lo hacen bajo la enseña de Eudomar Santos: como vaya viniendo vamos viendo. Cero ideas y cuando haga falta, se lanzan algunas frases pegajosas para ver si alguien se las cree. De esa manera lo único que se garantiza es el fracaso.
Para una muestra de como la improvisación nos lleva al fracaso basta ver la obra de (des)gobierno de la última década: colapso en todos y cada uno de los sectores de la administración pública: salud, educación, servicios básicos, transporte público, seguridad. Incluso hasta la industria petrolera ha llegado el fracaso causado por este atajo de idiocratas improvisados.
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El éxito no se improvisa. Los partidos políticos deben entender esa máxima. No basta con buscar una cara bonita y hacer que diga un par de cosas que agraden a los electores. Hace falta tener claro de donde venimos, donde estamos y, aún más importante, hacia donde debemos ir.
Si los partidos políticos hubiesen hecho su tarea, ya muchas de esas propuestas de hacia donde debemos ir estarían listas. Al parecer no es el caso. No obstante, no es demasiado tarde para corregir esta falla.
Mucho del análisis requerido en sectores críticos de la administración pública ya se ha adelantado A la sombra, en muchos sectores de nuestra sociedad, y sin que ningún político haya prestado atención hasta ahora, existen propuestas concretas sobre como reformar nuestros sistemas educativos, de salud, penitenciario y de seguridad. Lo mismo ocurre con los servicios básicos, vialidad y transporte.
Diversos estudios y trabajos publicados por El Nacional, la Universidad Católica Andrés Bello, CEDICE y otras organizaciones ofrecen múltiples alternativas y visiones sobre como abordar muchos de los problemas de nuestro país. Sólo hace falta gente dispuesta a oir y a hacerse eco de esas propuestas, para que integradas como un proyecto político sean una alternativa real a la improvisación que nos lleva al abismo.
Es hora de que los partidos asuman su tarea con seriedad y se preparen para llevar las riendas del país como corresponde: dejando atrás la improvisación y empezando a actuar como corresponde a los líderes de una nación.
El éxito no se improvisa.
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miércoles, 20 de abril de 2011
nueva generación, mismas ideas?
La fecha de las primarias para elegir el candidato opositor de las elecciones del 2012 ha sido finalmente fijada: 12 de febrero de 2012. Más allá de la fecha misma, que para algunos luce tardía, estas representan una nueva forma de hacer política en el país. Las primarias podrían representar el comienzo del fin para los viejos cuadros políticos todavía presentes en la Mesa de la Unidad Democrática.
La dirigencia de la MUD, que retrasó las primarias lo más que pudo en búsqueda de oxígeno, luce a primera vista como incapaz de adaptarse a este nuevo panorama. Acostumbrados a la política tras bastidores y a la cogollocracia, es difícil imaginar que tenga espacio dentro de un sistema donde la participación ciudadana será determinante. Seguramente una vez que se elija el candidato opositor, será este quien va a llevar la voz cantante. La vieja guardia parece estar de salida, quieran o no. La pregunta es si los sucesores estarán a la altura del reto.
Existen dos problemas fundamentales para la generación de relevo. El primero es la escasa credibilidad de los partidos políticos y su dirigencia. El segundo es la falta de un discurso propio y que luzca auténtico a los electores.
Alrededor de un tercio de los votantes no quiere nada ni con el chavismo ni con nada la política de viejo cuño. Los partidos de oposición están estigmatizados por el pasado, no importa que esto sea justo o no. La confianza en los partidos políticos no se recuperará de la noche a la mañana. Como dice el refrán, picado de culebra le tiene miedo al bejuco.
Si los partidos no logran recuperar su buena imagen e involucrar al ciudadano, no se llegará muy lejos. Lamentablemente, los problemas de la oposición no se solucionan mágicamente con el pase a retiro de Barboza y demás sobrevivientes de la IV. Ese es un paso necesario, pero no es la solución definitiva.
No se trata de satanizar a los partidos ni acudir al llamado de la anti-política. Hacen falta partidos políticos serios que sirvan como semilleros de donde surja la clase política que dirija al país. Pero para que el sistema político sobreviva hacen falta partidos políticos en los que la gente pueda y quiera confiar. Eso no se logra de la noche a la mañana. Requiere un trabajo incansable y perseverante que puede tomar años o décadas.
Entre los políticos emergentes parece estar la mejor alternativa opositora. No obstante, más allá de las credenciales de López, Capriles o Machado, el discurso político cojea. No hay una sola propuesta sobre como salir de la crisis. No hay ideas nuevas. El discurso opositor no parece ser más que un tenue eco de la doctrina chavista. Todos repiten el mismo discurso de inclusión y justicia social, pero sin dar mayores detalles de como se come eso. Es tentador tratar de usar lo que al parecer funciona, pero es ingenuo pensar que alguno de los candidatos opositores podrá superar a Chávez en su propio juego. La política no tiene nada de malo. La mala política, por otra parte, es insoportable.
Si, es cierto que deslindarse del pasado político es un paso necesario para la nueva generación de políticos, pero si alguno de ellos no descubre su propia identidad, su propio discurso, su propia voz, nuestro sistema político seguirá involucionando. Es hora de las ideas atrevidas y del cambio auténtico.
La política de la oposición no puede limitarse a ser la alternativa anti-chavista. Sin duda, los opositores duros darán su voto al candidato opositor, sea quien fuere. Lo que está en duda es si con el mismo discurso y la ausencia de nuevas ideas la oposición pueda ganar los votos de los indecisos.
La dirigencia de la MUD, que retrasó las primarias lo más que pudo en búsqueda de oxígeno, luce a primera vista como incapaz de adaptarse a este nuevo panorama. Acostumbrados a la política tras bastidores y a la cogollocracia, es difícil imaginar que tenga espacio dentro de un sistema donde la participación ciudadana será determinante. Seguramente una vez que se elija el candidato opositor, será este quien va a llevar la voz cantante. La vieja guardia parece estar de salida, quieran o no. La pregunta es si los sucesores estarán a la altura del reto.
Existen dos problemas fundamentales para la generación de relevo. El primero es la escasa credibilidad de los partidos políticos y su dirigencia. El segundo es la falta de un discurso propio y que luzca auténtico a los electores.
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Alrededor de un tercio de los votantes no quiere nada ni con el chavismo ni con nada la política de viejo cuño. Los partidos de oposición están estigmatizados por el pasado, no importa que esto sea justo o no. La confianza en los partidos políticos no se recuperará de la noche a la mañana. Como dice el refrán, picado de culebra le tiene miedo al bejuco.
Si los partidos no logran recuperar su buena imagen e involucrar al ciudadano, no se llegará muy lejos. Lamentablemente, los problemas de la oposición no se solucionan mágicamente con el pase a retiro de Barboza y demás sobrevivientes de la IV. Ese es un paso necesario, pero no es la solución definitiva.
No se trata de satanizar a los partidos ni acudir al llamado de la anti-política. Hacen falta partidos políticos serios que sirvan como semilleros de donde surja la clase política que dirija al país. Pero para que el sistema político sobreviva hacen falta partidos políticos en los que la gente pueda y quiera confiar. Eso no se logra de la noche a la mañana. Requiere un trabajo incansable y perseverante que puede tomar años o décadas.
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Entre los políticos emergentes parece estar la mejor alternativa opositora. No obstante, más allá de las credenciales de López, Capriles o Machado, el discurso político cojea. No hay una sola propuesta sobre como salir de la crisis. No hay ideas nuevas. El discurso opositor no parece ser más que un tenue eco de la doctrina chavista. Todos repiten el mismo discurso de inclusión y justicia social, pero sin dar mayores detalles de como se come eso. Es tentador tratar de usar lo que al parecer funciona, pero es ingenuo pensar que alguno de los candidatos opositores podrá superar a Chávez en su propio juego. La política no tiene nada de malo. La mala política, por otra parte, es insoportable.
Si, es cierto que deslindarse del pasado político es un paso necesario para la nueva generación de políticos, pero si alguno de ellos no descubre su propia identidad, su propio discurso, su propia voz, nuestro sistema político seguirá involucionando. Es hora de las ideas atrevidas y del cambio auténtico.
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La política de la oposición no puede limitarse a ser la alternativa anti-chavista. Sin duda, los opositores duros darán su voto al candidato opositor, sea quien fuere. Lo que está en duda es si con el mismo discurso y la ausencia de nuevas ideas la oposición pueda ganar los votos de los indecisos.
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martes, 1 de marzo de 2011
Fragmentos de una república
Leo "El Asedio Inútil: Conversación con Germán Carrera Damas" de Ramón Hernández. Es fascinante conocer la visión del historiador sobre el proceso de formación de nuestra democracia. No puedo estar sino de acuerdo con su diagnóstico sobre el desarrollo y las fallas de nuestra democracia en los últimos 50 años: Venezuela no contaba con el recurso humano para enfrentar un crecimiento de nuestra sociedad como el experimentado a partir de la década de 1970, y hoy en día paga las consecuencias de decisiones erróneas tomadas producto de esa inexperiencia.
Esa escasez de recursos humanos no impidió que se lograrán cosas notables como la erradicación del paludismo o la construcción de grandes obras como el Guri, pero si impidió que se formará una ciudadanía fuerte y madura, así como un estamento político capaz de formarla y liderarla. De esos barros provienen estos lodos que ahogan nuestro país.
Algo que me preocupa desde hace tiempo, como creo que se refleja en entradas previas de este blog, es esa ausencia de liderazgo, esa ausencia de una élite intelectual que sirva de consciencia, de guía del colectivo nacional. Es evidente que existe una presencia intelectual en nuestro país - como se descubre al leereste libro - pero esta no parece jugar ningún papel en nuestra vida política o nuestra formación ciudadana.
Por qué sucede eso? Por qué no vemos el pensamiento de esa élite reflejada en nuestro pensar y en nuestro actuar político? Por qué parece que ese conocimiento permanece atrapado en su torre de marfil?
Hoy en día, tenemos una democracia hecha añicos. Una democracia que cada día parece menos una. Es el deber de nuestra intelectualidad, el recoger los fragmentos de esa democracia y tratar de reconstruirla. La pregunta fundamental es: Cómo hacerlo?
Carrera Damas plantea que a pesar de vivir en democracia desde hace 50 años no se ha logrado transformar en ciudadanos de verdad más que a un pequeño estrato de la población. Mientras tanto, el resto de los venezolanos siguen atrapados en la estructura atávica de la relación caudillo-súbdito. El camino de la redención pasa necesariamente por la ampliación de ese estrato de ciudadanos de verdad hasta que se convierta en una base sólida para reconstruir la democracia. Y eso es tarea que corresponde a quienes ya han realizado esa transición de súbditos a ciudadanos.
Hay que luchar por propagar los verdaderos ideales democráticos entre los venezolanos. Convertir a la mayor cantidad posible de venezolanos en ciudadanos de verdad. Lograr que dejen atrás la mentalidad de súbditos que esperan por un gesto magnánimo del rey/presidente; convertirlos en ciudadanos que se organizan y hacen uso del sistema democrático para mejorar su vida y hacer valer sus derechos, ciudadanos que ven al presidente como lo que es: no un redentor, sino un servidor público.
Esa escasez de recursos humanos no impidió que se lograrán cosas notables como la erradicación del paludismo o la construcción de grandes obras como el Guri, pero si impidió que se formará una ciudadanía fuerte y madura, así como un estamento político capaz de formarla y liderarla. De esos barros provienen estos lodos que ahogan nuestro país.
Algo que me preocupa desde hace tiempo, como creo que se refleja en entradas previas de este blog, es esa ausencia de liderazgo, esa ausencia de una élite intelectual que sirva de consciencia, de guía del colectivo nacional. Es evidente que existe una presencia intelectual en nuestro país - como se descubre al leereste libro - pero esta no parece jugar ningún papel en nuestra vida política o nuestra formación ciudadana.
Por qué sucede eso? Por qué no vemos el pensamiento de esa élite reflejada en nuestro pensar y en nuestro actuar político? Por qué parece que ese conocimiento permanece atrapado en su torre de marfil?
Hoy en día, tenemos una democracia hecha añicos. Una democracia que cada día parece menos una. Es el deber de nuestra intelectualidad, el recoger los fragmentos de esa democracia y tratar de reconstruirla. La pregunta fundamental es: Cómo hacerlo?
Carrera Damas plantea que a pesar de vivir en democracia desde hace 50 años no se ha logrado transformar en ciudadanos de verdad más que a un pequeño estrato de la población. Mientras tanto, el resto de los venezolanos siguen atrapados en la estructura atávica de la relación caudillo-súbdito. El camino de la redención pasa necesariamente por la ampliación de ese estrato de ciudadanos de verdad hasta que se convierta en una base sólida para reconstruir la democracia. Y eso es tarea que corresponde a quienes ya han realizado esa transición de súbditos a ciudadanos.
Hay que luchar por propagar los verdaderos ideales democráticos entre los venezolanos. Convertir a la mayor cantidad posible de venezolanos en ciudadanos de verdad. Lograr que dejen atrás la mentalidad de súbditos que esperan por un gesto magnánimo del rey/presidente; convertirlos en ciudadanos que se organizan y hacen uso del sistema democrático para mejorar su vida y hacer valer sus derechos, ciudadanos que ven al presidente como lo que es: no un redentor, sino un servidor público.
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lunes, 24 de enero de 2011
23 de enero
Qué celebró el chavismo el 23 de enero? Al parecer la instauración de una dictadura:
"No hay que decir que cayó la última dictadura de Venezuela con Pérez Jiménez, porque la última dictadura fue la del pacto de Punto Fijo. La última dictadura que hubo en este país fue la del Pacto de Punto Fijo y esa dictadura cayó el 6 de diciembre de 1998, cuando nos instauramos en el poder"[1] .
Chávez dixit. Qué hace entonces el PSUV celebrando la instauración de una dictadura de derecha tutoreada ni más ni menos por el Departamento de Estado de los EEUU? - Germán Yépez dixit [2]. Otra vez queda en evidencia, para aquellos que quieren ver, el sin sentido del discurso político del PSUV/chavismo.
El chavismo trata de reescribir la historia, con un mediocre revisionismo histórico que no soporta el más mínimo análisis. La democracia venezolana nace en el contexto de la Guerra Fría. Quizás en ese contexto se puede interpretar la exclusión del PCV y otros partidos de izquierda del Pacto de Punto Fijo.
No obstante, esta exclusión no impidió que el PCV participara en las elecciones dando su apoyo a Wolfgang Larrazabal y reconociera la victoria de Rómulo Betancourt. Incluso figuras de la izquierda como Fabricio Ojeda fueran escogidos como diputados del Congreso de la República (por URD).
No es hasta que la política exterior del gobierno de Bertancourt se opone abiertamente al gobierno castrista - Venezuela apoya la expulsión de Cuba de la OEA - que la izquierda toma el camino de la lucha armada. Y el objetivo de esa lucha armada no era otra que la de instaurar una dictadura siguiendo el modelo de la Revolución Cubana y la Revolución de Octubre en Rusia.
Luego de eso, esa misma guerrilla de izquierda fue financiada y apoyada por la dictadura cubana y el mismisimo Fidel Castro [3]. Curioso como personajes como Soto Rojas - insigne miembro del grupo cubano-venezolano que participó en la invasión de Machurucuto - denuncian desaforadamente la intervención extranjera cuando se trata de Estados Unidos, pero guarda silencio cuando se trata de entregar nuestra soberanía a Cuba.
Mucho se ha criticado lo desordenado de los preparativos de los partidos de oposición para el pasado 23 de enero. Quizás es cierto. Pero más importante que lo sólido de la marcha, o que haya sido o no una muestra de fortaleza de la oposición, es aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre nuestro pasado, de donde vinimos y como hemos llegado a donde estamos. Es importante no dejar que enanos intelectuales nos arrebaten nuestro pasado, además de nuestro presente. Bien dice aquella frase: un pueblo que no conoce su pasado, está condenado a repetirlo.
[1] http://eluniversal.com/2011/01/23/pol_ava_chavez:-la-ultima-di_23A5030531.shtml
[2] http://www.unionradio.net/actualidadur/Audios/Default.aspx?tpAudio=2&StartRow=0&id=129005
[3] Sanchez, A.; Perez, H. La invasión de Cuba a VenezuelaDe Machurucuto a la Revolución Bolivariana.
"No hay que decir que cayó la última dictadura de Venezuela con Pérez Jiménez, porque la última dictadura fue la del pacto de Punto Fijo. La última dictadura que hubo en este país fue la del Pacto de Punto Fijo y esa dictadura cayó el 6 de diciembre de 1998, cuando nos instauramos en el poder"[1] .
Chávez dixit. Qué hace entonces el PSUV celebrando la instauración de una dictadura de derecha tutoreada ni más ni menos por el Departamento de Estado de los EEUU? - Germán Yépez dixit [2]. Otra vez queda en evidencia, para aquellos que quieren ver, el sin sentido del discurso político del PSUV/chavismo.
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El chavismo trata de reescribir la historia, con un mediocre revisionismo histórico que no soporta el más mínimo análisis. La democracia venezolana nace en el contexto de la Guerra Fría. Quizás en ese contexto se puede interpretar la exclusión del PCV y otros partidos de izquierda del Pacto de Punto Fijo.
No obstante, esta exclusión no impidió que el PCV participara en las elecciones dando su apoyo a Wolfgang Larrazabal y reconociera la victoria de Rómulo Betancourt. Incluso figuras de la izquierda como Fabricio Ojeda fueran escogidos como diputados del Congreso de la República (por URD).
No es hasta que la política exterior del gobierno de Bertancourt se opone abiertamente al gobierno castrista - Venezuela apoya la expulsión de Cuba de la OEA - que la izquierda toma el camino de la lucha armada. Y el objetivo de esa lucha armada no era otra que la de instaurar una dictadura siguiendo el modelo de la Revolución Cubana y la Revolución de Octubre en Rusia.
Luego de eso, esa misma guerrilla de izquierda fue financiada y apoyada por la dictadura cubana y el mismisimo Fidel Castro [3]. Curioso como personajes como Soto Rojas - insigne miembro del grupo cubano-venezolano que participó en la invasión de Machurucuto - denuncian desaforadamente la intervención extranjera cuando se trata de Estados Unidos, pero guarda silencio cuando se trata de entregar nuestra soberanía a Cuba.
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Mucho se ha criticado lo desordenado de los preparativos de los partidos de oposición para el pasado 23 de enero. Quizás es cierto. Pero más importante que lo sólido de la marcha, o que haya sido o no una muestra de fortaleza de la oposición, es aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre nuestro pasado, de donde vinimos y como hemos llegado a donde estamos. Es importante no dejar que enanos intelectuales nos arrebaten nuestro pasado, además de nuestro presente. Bien dice aquella frase: un pueblo que no conoce su pasado, está condenado a repetirlo.
[1] http://eluniversal.com/2011/01/23/pol_ava_chavez:-la-ultima-di_23A5030531.shtml
[2] http://www.unionradio.net/actualidadur/Audios/Default.aspx?tpAudio=2&StartRow=0&id=129005
[3] Sanchez, A.; Perez, H. La invasión de Cuba a VenezuelaDe Machurucuto a la Revolución Bolivariana.
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lunes, 3 de agosto de 2009
desatinos y la libertad de expresión
"Creo que el nivel de libertad de expresión es satisfactorio" [1].
Otra frase del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, que bien podría pasar a la posteridad, de no ser que existen en su desafortunada carrera docenas de torpezas de calibre semejante.
Pero esta frase - más allá de la indignación que pueda causar, debe ser entendida dentro del contexto. Desatinos pocas horas antes firmaba acuerdos económicos que beneficiaban a España y a sus empresarios. Y es que mientras no se toquen los intereses económicos de las empresas españolas, poco importa lo que suceda aquí. Esto no es ninguna sorpresa para nadie, pero igual ofende la inteligencia. Bien dicen por allí: los países no tienen amigos, sino intereses.
Y qué mejor replica al "por qué no te callas?" espetado por el rey Juan Carlos que silenciarlo con un bozal de petróleo a precios de descuento? Como si España fuera uno de esos países del Caribe urgidos de ayuda económica del gran benefactor, se dedica a vender el "certificado de país democrático" a muy buen precio. Dinero por acá, dinero por allá, y aquí no pasa nada.
En Venezuela hay libertad de expresión a pesar de los esfuerzos del gobierno venezolano por aniquilarla. Y es que quienes siguen alzando su voz contra el régimen venezolano lo hacen sin ninguna garantía de que se respeten sus derechos, como lo demuestran los casos de Patricia Poleo, Jose Rafael Ramírez y Óscar Azocar, exiliada la primera y en cárcel los otros por falsas acusasiones y un sistema de justicia que mal merece su nombre. O el caso de Orel Sambrano, asesinado por un sicario por sus consecuentes denuncias en contra del narcotráfico. O las acusasiones contra Rafael Poleo (y el programa Aló ciudadano) por atreverse a pronosticar un futuro semejante al de Mussolini para el presidente si no cambiaba su línea de conducta.
Y no podemos dejar de mencionar por supuesto el caso RCTV, canal al cual el Tribunal Supremo de Justicia le arrebató sus equipos de transmisión violando los principios más elementales de propiedad privada, o las decenas de emisoras que han sido clausuradas y serán clausuradas en los días por venir.
Y todos saben perfectamente que la única y principal razón para clausurarlas es que sus denuncias y críticas al gobierno incomodan al régimen. Porque nada se hace contra las decenas, o tal vez cientos, de emisoras piratas que funcionan a lo ancho y largo del país, pero que llenan su programación con retransmisiones de discursos del comandante-presidente o propaganda pro-gobierno. Todos saben perfectamente que estas emisoras no cerrarían si tuvieran una programación que endulzara el oído del régimen.
Y es que no hay libertad de expresión porque el gobierno sea democrático, sino porque el gobierno no ha podido, a pesar de todas las truculencias legales a las que recurre, silenciar la creciente insatisfacción ciudadana causada por su pobre desempeño. La ley resorte, la no renovación de las concesiones a medios de acuerdo a lineamientos puramente políticos, la eliminación de publicidad de entes estatales en medios con líneas editoriales críticas y la clausura de emisoras bajo argumentos insostenibles son sólo parte de la campaña sistemática para evitar que los medios cumplan con su labor informativa.
El último clavo del ataúd de la libertad de expresión es la ley de delitos mediáticos, que convierte en crimen cualquier opinión o comentario que sea emitido a través de un medio de comunicación y que que el régimen pueda considerar desagradable. Porque si bien la propuesta no lo dice de forma clara y directa, la decisión de cuales opiniones o noticias atentan contra la "seguridad de la nación" y del "bienestar social" depende de la opinión personalísima del funcionario sobre quien trate la información o del gendarme de turno.
En pocas palabras: si el funcionario se siente ofendido, independientemente de si la información emitida es verdadera o falsa, puede alegar que la información atenta contra la seguridad del estado o la paz social y los jueces y fiscales leales al gobierno tomarán esto como base suficiente para emprender acciones legales contra la persona que dió la información y enviarla a la cárcel.
La libertad de expresión de todos no puede depender de criterios tan vagos y abstractos como "seguridad del estado" o la "paz social". Es mejor correr el riesgo de que se abuse de la libertad de expresión que correr el riesgo de aniquilarla totalmente.
[1] http://www.elpais.com/articulo/espana/Hay/buscar/solucion/Gibraltar/satisfactoria/todos/elpepiesp/20090802elpepinac_12/Tes
Otra frase del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, que bien podría pasar a la posteridad, de no ser que existen en su desafortunada carrera docenas de torpezas de calibre semejante.
Pero esta frase - más allá de la indignación que pueda causar, debe ser entendida dentro del contexto. Desatinos pocas horas antes firmaba acuerdos económicos que beneficiaban a España y a sus empresarios. Y es que mientras no se toquen los intereses económicos de las empresas españolas, poco importa lo que suceda aquí. Esto no es ninguna sorpresa para nadie, pero igual ofende la inteligencia. Bien dicen por allí: los países no tienen amigos, sino intereses.
Y qué mejor replica al "por qué no te callas?" espetado por el rey Juan Carlos que silenciarlo con un bozal de petróleo a precios de descuento? Como si España fuera uno de esos países del Caribe urgidos de ayuda económica del gran benefactor, se dedica a vender el "certificado de país democrático" a muy buen precio. Dinero por acá, dinero por allá, y aquí no pasa nada.
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En Venezuela hay libertad de expresión a pesar de los esfuerzos del gobierno venezolano por aniquilarla. Y es que quienes siguen alzando su voz contra el régimen venezolano lo hacen sin ninguna garantía de que se respeten sus derechos, como lo demuestran los casos de Patricia Poleo, Jose Rafael Ramírez y Óscar Azocar, exiliada la primera y en cárcel los otros por falsas acusasiones y un sistema de justicia que mal merece su nombre. O el caso de Orel Sambrano, asesinado por un sicario por sus consecuentes denuncias en contra del narcotráfico. O las acusasiones contra Rafael Poleo (y el programa Aló ciudadano) por atreverse a pronosticar un futuro semejante al de Mussolini para el presidente si no cambiaba su línea de conducta.
Y no podemos dejar de mencionar por supuesto el caso RCTV, canal al cual el Tribunal Supremo de Justicia le arrebató sus equipos de transmisión violando los principios más elementales de propiedad privada, o las decenas de emisoras que han sido clausuradas y serán clausuradas en los días por venir.
Y todos saben perfectamente que la única y principal razón para clausurarlas es que sus denuncias y críticas al gobierno incomodan al régimen. Porque nada se hace contra las decenas, o tal vez cientos, de emisoras piratas que funcionan a lo ancho y largo del país, pero que llenan su programación con retransmisiones de discursos del comandante-presidente o propaganda pro-gobierno. Todos saben perfectamente que estas emisoras no cerrarían si tuvieran una programación que endulzara el oído del régimen.
Y es que no hay libertad de expresión porque el gobierno sea democrático, sino porque el gobierno no ha podido, a pesar de todas las truculencias legales a las que recurre, silenciar la creciente insatisfacción ciudadana causada por su pobre desempeño. La ley resorte, la no renovación de las concesiones a medios de acuerdo a lineamientos puramente políticos, la eliminación de publicidad de entes estatales en medios con líneas editoriales críticas y la clausura de emisoras bajo argumentos insostenibles son sólo parte de la campaña sistemática para evitar que los medios cumplan con su labor informativa.
El último clavo del ataúd de la libertad de expresión es la ley de delitos mediáticos, que convierte en crimen cualquier opinión o comentario que sea emitido a través de un medio de comunicación y que que el régimen pueda considerar desagradable. Porque si bien la propuesta no lo dice de forma clara y directa, la decisión de cuales opiniones o noticias atentan contra la "seguridad de la nación" y del "bienestar social" depende de la opinión personalísima del funcionario sobre quien trate la información o del gendarme de turno.
En pocas palabras: si el funcionario se siente ofendido, independientemente de si la información emitida es verdadera o falsa, puede alegar que la información atenta contra la seguridad del estado o la paz social y los jueces y fiscales leales al gobierno tomarán esto como base suficiente para emprender acciones legales contra la persona que dió la información y enviarla a la cárcel.
La libertad de expresión de todos no puede depender de criterios tan vagos y abstractos como "seguridad del estado" o la "paz social". Es mejor correr el riesgo de que se abuse de la libertad de expresión que correr el riesgo de aniquilarla totalmente.
[1] http://www.elpais.com/articulo/espana/Hay/buscar/solucion/Gibraltar/satisfactoria/todos/elpepiesp/20090802elpepinac_12/Tes
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domingo, 12 de julio de 2009
Honduras y la democracia en latinoamérica
Ha transcurrido ya un mes desde la destitución del presidente Zelaya en Honduras. Todas las figuras políticas, instituciones e intelectuales no han perdido tiempo en fijar posición y criticar el golpe de estado y la expulsión del presidente Zelaya a Costa Rica.
Todos califican al golpe de estado como antidemocrático. Algunos lo hacen de forma altisonante, otros no tanto. Se dice que ha sido un atentado contra la democracia. Un hecho violento que no tiene justificación. Un retroceso a los peores tiempos en la historia del continente. En pocas palabras, todos tratan de cubrirse las espaldas.
Admito que toda la situación luce antidemocrática. Lo correcto habría sido proceder a la destitución del presidente y su posterior enjuiciamiento. Existe abundante evidencia en contra de Zelaya como para hacerlo. Así funcionan las cosas, en teoría, en un sistema democrático. El problema es que el presidente Zelaya es cualquier cosa menos un demócrata a carta cabal.
Qué hacer con un presidente que está dispuesto a todo - incluso el uso de la violencia y la intervención de un gobierno extranjero - para salirse con la suya? Si el presidente Zelaya estuvo dispuesto a recurrir a grupos violentos para ingresar a una base militar y recuperar material para un referendo ilegal, que no estaría dispuesto a hacer para no ser destituido? No se trata pues, de la destitución de un demócrata, sino de un aspirante a dictador.
La solución a la que recurrieron los otros poderes constituidos - el legislativo y el judicial - fue sacarlo del país y proceder a solucionar el problema una vez removido el factor de perturbación. Y es que todos coinciden en que los militares actuaron bajo órdenes del poder judicial. Qué no fue una solución elegante o limpia? Definitivamente no lo fue. Y Honduras pagará las consecuencias de no cuidar las formas: los meses por venir no serán sencillos. Pero los riesgos que implicaba la alternativa - destitución y un posible conflicto armado - no habría sido mucho mejor.
Entiendo la preocupación internacional por guardar las apariencias. Se debe tratar de conseguir una solución concertada que lave la cara a Honduras, pero no se puede ignorar el hecho de que el ex-presidente Zelaya no fue removido - como recientemente oí decir al presidente Oscar Arias - por que se trataba de una figura impopular o incómoda, sino por atentar contra los principios democráticos consagrados en la constitución de Honduras. Parece contradictorio insistir en restituir a Zelaya en la presidencia mientras el siga proclamando que hará todo lo posible por irrespetar las leyes de su país.
Sin lugar a dudas, el apoyo internacional al presidente Zelaya no puede ser incondicional, sino condicionado al respeto de las normar democráticas que el tanto insiste en ignorar.
Todos califican al golpe de estado como antidemocrático. Algunos lo hacen de forma altisonante, otros no tanto. Se dice que ha sido un atentado contra la democracia. Un hecho violento que no tiene justificación. Un retroceso a los peores tiempos en la historia del continente. En pocas palabras, todos tratan de cubrirse las espaldas.
Admito que toda la situación luce antidemocrática. Lo correcto habría sido proceder a la destitución del presidente y su posterior enjuiciamiento. Existe abundante evidencia en contra de Zelaya como para hacerlo. Así funcionan las cosas, en teoría, en un sistema democrático. El problema es que el presidente Zelaya es cualquier cosa menos un demócrata a carta cabal.
Qué hacer con un presidente que está dispuesto a todo - incluso el uso de la violencia y la intervención de un gobierno extranjero - para salirse con la suya? Si el presidente Zelaya estuvo dispuesto a recurrir a grupos violentos para ingresar a una base militar y recuperar material para un referendo ilegal, que no estaría dispuesto a hacer para no ser destituido? No se trata pues, de la destitución de un demócrata, sino de un aspirante a dictador.
La solución a la que recurrieron los otros poderes constituidos - el legislativo y el judicial - fue sacarlo del país y proceder a solucionar el problema una vez removido el factor de perturbación. Y es que todos coinciden en que los militares actuaron bajo órdenes del poder judicial. Qué no fue una solución elegante o limpia? Definitivamente no lo fue. Y Honduras pagará las consecuencias de no cuidar las formas: los meses por venir no serán sencillos. Pero los riesgos que implicaba la alternativa - destitución y un posible conflicto armado - no habría sido mucho mejor.
Entiendo la preocupación internacional por guardar las apariencias. Se debe tratar de conseguir una solución concertada que lave la cara a Honduras, pero no se puede ignorar el hecho de que el ex-presidente Zelaya no fue removido - como recientemente oí decir al presidente Oscar Arias - por que se trataba de una figura impopular o incómoda, sino por atentar contra los principios democráticos consagrados en la constitución de Honduras. Parece contradictorio insistir en restituir a Zelaya en la presidencia mientras el siga proclamando que hará todo lo posible por irrespetar las leyes de su país.
Sin lugar a dudas, el apoyo internacional al presidente Zelaya no puede ser incondicional, sino condicionado al respeto de las normar democráticas que el tanto insiste en ignorar.
* * * * * * *
La situación en Honduras, así como en Bolivia, Venezuela y Ecuador, debe servir para abrir un debate sobre el significado real y los peligros que afronta la democracia en latinoamérica en el siglo XXI, una época en que las dictaduras militares del siglo XX parecen haber quedado en el pasado, pero nuevas formas de gobiernos populistas parecen aprovechar las debilidades del sistema democrático para perpetuar en el poder a autocratas carismáticos.
viernes, 5 de junio de 2009
el chavismo es necesario?
Las causas que dieron origen al chavismo siguen presentes luego de diez años: pobreza, exclusión e incapacidad del gobierno para responder a las demandas de educación, salud y seguridad de la población.
El chavismo es un movimiento populista que nace como respuesta al incipiente elitismo que se originaba durante las décadas de los 80 y 90 producto de la distribución desequilibrada de los recursos de la renta petrolera. El chavismo no es otra cosa que una necesidad de la sociedad para responder a una percepción - real o imaginaria - de que el sistema político y social del país estaba en decadencia.
El problema no es la existencia del chavismo. El chavismo es un mecanismo que ha permitido a los grupos excluidos de los estratos sociales mas desfavorecidos expresarse y defender sus intereses. El problema es que esta vía de expresión no ha permitido - más allá de lo que diga la propaganda gubernamental - responder a las necesidades reales de este sector de la población.
En lugar de dedicarse a mejorar las condiciones de hospitales y escuelas públicas, de reducir la excesiva burocracia, luchar contra la corrupción o humanizar los cuerpos de seguridad del estado, ha desperdiciado los últimos 10 años en innecesarias confrontaciones políticas y en el establecimiento de un proyecto político internacional que no resuelve nuestros problemas.
Entiendo la tentación de hacer tábula rasa con la política nacional, el deseo de refundar un nuevo sistema político, un nuevo país, ignorando las lecciones que debemos aprender. Porque el chavismo es una realidad que no desaparecerá de la noche a la mañana, así como no se pueden borrar los cuarenta años de democracia previos.
Partiendo de esta realidad, es necesario que el chavismo se convierta en un movimiento político efectivo, no efectista. Un movimiento que responda a las necesidades reales de la población y no a necesidades creadas por sus líderes. Porque el chavismo que existe hoy en día no es de ninguna utilidad a nadie salvo a las nuevas élites que disfrutan de las mieles del poder. Es necesario que el chavismo que realmente representa las necesidades de la población dé un paso al frente y deje a un lado a los grupos con ambiciones hegemónicas que pretenden negar los derechos de la otra mitad del país.
Así mismo, es necesario que la oposición madure, que desarrolle una visión política propia, que sea más que una emulación del chavismo. Una visión de país que permita la elaboración de una propuesta que responda a las demandas de la población.
La política no puede limitarse a una competencia en la que unos se conforman con ser menos malos que la competencia. Debe ser una lucha por tratar de llevar las mejores ideas - y personas - a las posiciones de liderazgo de nuestro país.
El chavismo es un movimiento populista que nace como respuesta al incipiente elitismo que se originaba durante las décadas de los 80 y 90 producto de la distribución desequilibrada de los recursos de la renta petrolera. El chavismo no es otra cosa que una necesidad de la sociedad para responder a una percepción - real o imaginaria - de que el sistema político y social del país estaba en decadencia.
El problema no es la existencia del chavismo. El chavismo es un mecanismo que ha permitido a los grupos excluidos de los estratos sociales mas desfavorecidos expresarse y defender sus intereses. El problema es que esta vía de expresión no ha permitido - más allá de lo que diga la propaganda gubernamental - responder a las necesidades reales de este sector de la población.
En lugar de dedicarse a mejorar las condiciones de hospitales y escuelas públicas, de reducir la excesiva burocracia, luchar contra la corrupción o humanizar los cuerpos de seguridad del estado, ha desperdiciado los últimos 10 años en innecesarias confrontaciones políticas y en el establecimiento de un proyecto político internacional que no resuelve nuestros problemas.
Entiendo la tentación de hacer tábula rasa con la política nacional, el deseo de refundar un nuevo sistema político, un nuevo país, ignorando las lecciones que debemos aprender. Porque el chavismo es una realidad que no desaparecerá de la noche a la mañana, así como no se pueden borrar los cuarenta años de democracia previos.
Partiendo de esta realidad, es necesario que el chavismo se convierta en un movimiento político efectivo, no efectista. Un movimiento que responda a las necesidades reales de la población y no a necesidades creadas por sus líderes. Porque el chavismo que existe hoy en día no es de ninguna utilidad a nadie salvo a las nuevas élites que disfrutan de las mieles del poder. Es necesario que el chavismo que realmente representa las necesidades de la población dé un paso al frente y deje a un lado a los grupos con ambiciones hegemónicas que pretenden negar los derechos de la otra mitad del país.
Así mismo, es necesario que la oposición madure, que desarrolle una visión política propia, que sea más que una emulación del chavismo. Una visión de país que permita la elaboración de una propuesta que responda a las demandas de la población.
La política no puede limitarse a una competencia en la que unos se conforman con ser menos malos que la competencia. Debe ser una lucha por tratar de llevar las mejores ideas - y personas - a las posiciones de liderazgo de nuestro país.
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lunes, 1 de junio de 2009
ante la incertidumbre
La sensación de incertidumbre es tan desagradable para el hombre, que prefiere tener por cierta una falsa creencia antes que no tener nada a que aferrarse...
Las doctrinas políticas nacen de esta necesidad natural de reconfortarnos en un mundo donde la incertidumbre es la regla. Lamentablemente, esto hace que la política termine siendo una letal mezcla de 50% grandes mentiras y 50% vanas esperanzas.
No sería maravilloso si todo fuera tan simple como lo anuncian nuestros dirigentes políticos? Al revisar cualquier discurso de los políticos, poco parece importar si tiene o no idea sobre como afrontar la situación. Lo importante es que pueda transmitir seguridad a la población. La gente prefiere al orador elocuente, al demagogo por excelencia, en especial en situaciones críticas en las que la gente empieza a ser víctima de la desesperación, antes que oir las voces ponderadas que admiten que la incertidumbre es algo con lo que todos, TODOS tenemos que lidiar.
Las ideologías - esos constructos teóricos que pretenden explicarlo todo - siempre terminan siendo callejones sin salida que no llevan a ninguna parte. El socialismo o el liberalismo económico no han terminado por rendir los frutos prometidos, porque son doctrinas cuyas raíces no encuentran sustento en la realidad. El socialismo se empeña en imponer las necesidades del grupo sobre el individuo, cosa que es antinatural al hombre. El liberalismo, por su parte, pretende ignorar las dificultades políticas que trae la desigualdad social y económica. Y entre esas dos ideologías, la más tentadora de todas, no termina de cumplir sus promesas: la democracia.
Y es que la fé ciega en el sistema democrático también conlleva sus peligros. Ya desde sus orígenes más primitivos, distintos pensadores advertían contra el riesgo de que la democracia derivara en una oclocracia o una oligocracia. No obstante, poco parece importar eso a las personas que la defienden hoy sin reflexionar en estas desviaciones del ideal democrático.
También se advierte desde hace mucho contra el riesgo que representaba que las personas con talento para la oratoria - los demagogos - lograran manipular a la masa e imponer su opinión sobre la de personas mejor preparadas pero menos elocuentes.
Y es que en esta era moderna, donde la imagen parece ser lo más importante, nadie daría su voto a un candidato que dijera que no tiene las respuestas para todo, que el mundo es un sitio lleno de incertidumbres y que el tratará de tomar las mejores decisiones pero que no puede garantizar que no se equivocará porque no es un ser perfecto.
Al final, todo sistema político se basa en que el líder nos transmita la sensación de que tiene todo bajo control y que sabe lo que hace. Y al hacer eso, nos tratamos de dar una falsa sensación de seguridad ante un futuro que no podemos predecir. Una sensación de falsa seguridad, pero que necesitamos instintivamente para seguir con nuestras vidas.
Mientras tanto, seguimos en una carrera hacia el fondo, pero con la falsa sensación de seguridad que nos da el haber encontrado al elegido que nos sacará de las tinieblas. Y mientras más cerca del fondo estemos, más nos hará falta un ungido.
Las doctrinas políticas nacen de esta necesidad natural de reconfortarnos en un mundo donde la incertidumbre es la regla. Lamentablemente, esto hace que la política termine siendo una letal mezcla de 50% grandes mentiras y 50% vanas esperanzas.
No sería maravilloso si todo fuera tan simple como lo anuncian nuestros dirigentes políticos? Al revisar cualquier discurso de los políticos, poco parece importar si tiene o no idea sobre como afrontar la situación. Lo importante es que pueda transmitir seguridad a la población. La gente prefiere al orador elocuente, al demagogo por excelencia, en especial en situaciones críticas en las que la gente empieza a ser víctima de la desesperación, antes que oir las voces ponderadas que admiten que la incertidumbre es algo con lo que todos, TODOS tenemos que lidiar.
Las ideologías - esos constructos teóricos que pretenden explicarlo todo - siempre terminan siendo callejones sin salida que no llevan a ninguna parte. El socialismo o el liberalismo económico no han terminado por rendir los frutos prometidos, porque son doctrinas cuyas raíces no encuentran sustento en la realidad. El socialismo se empeña en imponer las necesidades del grupo sobre el individuo, cosa que es antinatural al hombre. El liberalismo, por su parte, pretende ignorar las dificultades políticas que trae la desigualdad social y económica. Y entre esas dos ideologías, la más tentadora de todas, no termina de cumplir sus promesas: la democracia.
Y es que la fé ciega en el sistema democrático también conlleva sus peligros. Ya desde sus orígenes más primitivos, distintos pensadores advertían contra el riesgo de que la democracia derivara en una oclocracia o una oligocracia. No obstante, poco parece importar eso a las personas que la defienden hoy sin reflexionar en estas desviaciones del ideal democrático.
También se advierte desde hace mucho contra el riesgo que representaba que las personas con talento para la oratoria - los demagogos - lograran manipular a la masa e imponer su opinión sobre la de personas mejor preparadas pero menos elocuentes.
Y es que en esta era moderna, donde la imagen parece ser lo más importante, nadie daría su voto a un candidato que dijera que no tiene las respuestas para todo, que el mundo es un sitio lleno de incertidumbres y que el tratará de tomar las mejores decisiones pero que no puede garantizar que no se equivocará porque no es un ser perfecto.
Al final, todo sistema político se basa en que el líder nos transmita la sensación de que tiene todo bajo control y que sabe lo que hace. Y al hacer eso, nos tratamos de dar una falsa sensación de seguridad ante un futuro que no podemos predecir. Una sensación de falsa seguridad, pero que necesitamos instintivamente para seguir con nuestras vidas.
Mientras tanto, seguimos en una carrera hacia el fondo, pero con la falsa sensación de seguridad que nos da el haber encontrado al elegido que nos sacará de las tinieblas. Y mientras más cerca del fondo estemos, más nos hará falta un ungido.
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miércoles, 15 de abril de 2009
Sinonimia
Ley no es sinónimo de Justicia, ni Elecciones es sinónimo de Democracia.
Una democracia en la que no existe el respeto al que disiente, en la que la libertad de expresión es atacada constantemente y la independencia de los poderes públicos es cuestionable, no se puede hablar de democracia. En tales circunstancias, las elecciones se convierten en un ritual vacío y carente de significado.
Qué se pensaría de una persona religiosa que visita la iglesia todos los domingos, pero que el resto de la semana irrespeta los mandatos de su fé? Se le llamaría hipócrita.
Que pensar entonces de una persona que se autoproclama demócrata, pero que sólo se limita a actuar como tal durante las elecciones? Si se le llama hipócrita no se cometería un error.
Estamos viendo como la democracia sufre una muerte larga, lenta y dolorosa, y no reaccionamos ante esto. Nuestro deber como ciudadanos no puede terminar al concluir el acto electoral.
Entiendo que los partidos políticos deben tomar la iniciativa, dar una respuesta. Pero si ellos no dan el primer paso, entonces serán los ciudadanos quienes tendrán que darlo.
Una democracia en la que no existe el respeto al que disiente, en la que la libertad de expresión es atacada constantemente y la independencia de los poderes públicos es cuestionable, no se puede hablar de democracia. En tales circunstancias, las elecciones se convierten en un ritual vacío y carente de significado.
Qué se pensaría de una persona religiosa que visita la iglesia todos los domingos, pero que el resto de la semana irrespeta los mandatos de su fé? Se le llamaría hipócrita.
Que pensar entonces de una persona que se autoproclama demócrata, pero que sólo se limita a actuar como tal durante las elecciones? Si se le llama hipócrita no se cometería un error.
Estamos viendo como la democracia sufre una muerte larga, lenta y dolorosa, y no reaccionamos ante esto. Nuestro deber como ciudadanos no puede terminar al concluir el acto electoral.
Entiendo que los partidos políticos deben tomar la iniciativa, dar una respuesta. Pero si ellos no dan el primer paso, entonces serán los ciudadanos quienes tendrán que darlo.
miércoles, 1 de abril de 2009
Fracaso político?
Estamos destinados a convivir con nuestros semejantes. Somos seres formados para la vida en sociedad. Existen excepciones, pero es un hecho que venimos al mundo como parte de un grupo, una comunidad. Nos hacemos personas en la medida en que aprendemos a convivir en sociedad.
Lamentablemente, sea por nuestra naturaleza o por nuestra formación, surgirá el conflicto. Las alternativas para resolver esos conflictos van desde una solución que satisfazca a ambas partes - el consenso - hasta el uso de la violencia por parte del más fuerte para imponerse sobre el débil.
A medida que se incrementa el número de personas que deben convivir y la sociedad se complejiza y da paso a la nación-estado, el espacio por excelencia para la resolución de los conflictos es la arena política. Ciertamente hay conflictos (laborales, personales, financieros) que tienen otros escenarios para su resolución, pero las cuestiones que atañen a toda la sociedad como conjunto pertenecen a la esfera de la política. La finalidad de la política, más allá de alcanzar el poder, debería ser la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos de la sociedad.
La violencia pasa a un segundo plano, toda vez que su uso es monopolio exclusivo del estado, que debe actuar como un mecanismo que garantice la existencia y seguridad de todos. Como la violencia no es - o no debería - ser una alternativa, el consenso debería ser el único mecanismo para la resolución de conflictos.
Pero que sucede cuando una de las partes en conflicto dispone del poder del estado y lo emplea para imposibilitar el debate político? Que el consenso deja de ser una alternativa en la resolución del conflicto y sólo queda como salida la violencia. Dado el monopolio de la violencia ejercido por el estado, este deja de ser un instrumento neutro y pasa a ser un sistema de opresión.
Y poco importa que este estado tenga sus orígenes en un sistema democrático. Acaso es mejor una tiranía de la mayoría que una tiranía tradicional? No hay en realidad ninguna diferencia, salvo la falsa creencia de que la opinión de la multitud es infalible.
Es necesario reconocer que la democracia y la política en Venezuela han fallado, pues no cumplen su función como instrumento para la resolución de los conflictos en que está sumido el país.
Ante un estado que no garantiza a la mitad de los ciudadanos , es necesario plantear su revisión y reconstrucción, con el propósito de que pueda asumir su función como garante de las libertades individuales y promotor del debate como mecanismo de resolución de conflictos.
Lamentablemente, sea por nuestra naturaleza o por nuestra formación, surgirá el conflicto. Las alternativas para resolver esos conflictos van desde una solución que satisfazca a ambas partes - el consenso - hasta el uso de la violencia por parte del más fuerte para imponerse sobre el débil.
A medida que se incrementa el número de personas que deben convivir y la sociedad se complejiza y da paso a la nación-estado, el espacio por excelencia para la resolución de los conflictos es la arena política. Ciertamente hay conflictos (laborales, personales, financieros) que tienen otros escenarios para su resolución, pero las cuestiones que atañen a toda la sociedad como conjunto pertenecen a la esfera de la política. La finalidad de la política, más allá de alcanzar el poder, debería ser la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos de la sociedad.
La violencia pasa a un segundo plano, toda vez que su uso es monopolio exclusivo del estado, que debe actuar como un mecanismo que garantice la existencia y seguridad de todos. Como la violencia no es - o no debería - ser una alternativa, el consenso debería ser el único mecanismo para la resolución de conflictos.
Pero que sucede cuando una de las partes en conflicto dispone del poder del estado y lo emplea para imposibilitar el debate político? Que el consenso deja de ser una alternativa en la resolución del conflicto y sólo queda como salida la violencia. Dado el monopolio de la violencia ejercido por el estado, este deja de ser un instrumento neutro y pasa a ser un sistema de opresión.
Y poco importa que este estado tenga sus orígenes en un sistema democrático. Acaso es mejor una tiranía de la mayoría que una tiranía tradicional? No hay en realidad ninguna diferencia, salvo la falsa creencia de que la opinión de la multitud es infalible.
Es necesario reconocer que la democracia y la política en Venezuela han fallado, pues no cumplen su función como instrumento para la resolución de los conflictos en que está sumido el país.
Ante un estado que no garantiza a la mitad de los ciudadanos , es necesario plantear su revisión y reconstrucción, con el propósito de que pueda asumir su función como garante de las libertades individuales y promotor del debate como mecanismo de resolución de conflictos.
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martes, 10 de marzo de 2009
libre mercado vs. democracia
La democracia está sustentada sobre un principio básico, la igualdad política de los participantes. No obstante, diversos estudiosos y críticos de la democracia afirman que esta igualdad no se da en la práctica, pues aunque todo ciudadano tiene derecho al voto, la influencia política no está distribuida por igual.
Una persona con bastos recursos económicos o contactos políticos puede ejercer una influencia en el gobierno que un ciudadano común no puede. Una persona que haya financiado la campaña política de un candidato ganador, o una persona con recursos ecónomicos para contratar una empresa de lobby, obviamente tiene mayor peso en la agenda política que un ciudadano común.
Se señala, en parte correctamente, al libre mercado como el responsable de la desigualdad política. Y es que el libre mercado, sumado a factores aleatorios, trae como consecuencia que haya personas que acumulen riqueza mientras que otros apenas tienen para subsistir. El libre mercado divide al mundo en ricos y pobres o, en términos políticos, en ciudadanos de primera y de segunda clase.
Dado que el libre mercado atenta contra el principio de igualdad política, no debería entonces eliminarse el libre mercado? No sería esa la solución?
Podría verse así, sólo que la única alternativa que existe al libre mercado es el socialismo. El socialismo promete una sociedad en donde existe igualdad económica y, como consecuencia de ésta, igualdad política. Pero eso sólo ocurre en la teoría, porque en la práctica, el sistema socialista nunca ha cumplido con su promesa de la igualdad económica, y mucho menos, política.
Pero que sucede con el socialismo tan eficiente de los países europeos? Que más allá del nombre, lo que practican no es socialismo. Es un sistema capitalista de libre mercado, democrático, en el que el estado se compromete a proveer un estándar mínimo de vida mediante la redistribución de los ingresos, pero respetando siempre el libre mercado.
Y no es posible reformar el socialismo y adaptarlo a la democracia? No, porqué el socialismo es un sistema político económico. No se puede mezclar con democracia. Por qué? Porque, de la misma forma que el sistema capitalista está condenado a vivir con el lastre de la desigualdad económica, el sistema socialista está condenado a vivir con el lastre que representa el sacrificio de las libertades del individuo.
A diferencia de la democracia, donde la libertad del individuo es una consecuencia natural, el socialismo real impone la idea de que el bienestar común - un principio que se interpreta según la voluntad de quien detenta el poder - es más importante que la libertad personal. Si lo mejor para el bienestar común es que Ud. vaya a sembrar papas, entonces Ud. se irá a sembrar papas. La sociedad - o el estado en la práctica - se impone sobre el individuo.
Y sólo basta mirar la historia de Cuba, China o el bloque soviético para ver estas verdades. La primavera de Praga de 1968 no es más que una pequeña muestra de la aniquilación de las libertades invididuales llevada a su conclusión lógica. Y es que el modelo político-económico socialista no puede co-existir con un sistema de libertades individuales como la democracia.
La democracia, si se quiere, puede verse como esa muchacha bonita, y al libre mercado como la amiga antipática de aquella. Si queremos estar con la muchacha llamada democracia, tenemos que soportar a su amiga antipática. No nos queda otra opción.
Dadas las anteriores experiencias socialistas, es fácil darse cuenta que los planes actuales del gobierno [1] están condenados al fracaso. Esperemos que el país esté en la capacidad de despertar del delirio socialista antes que sea demasiado tarde, y que retome el camino de la democracia.
[1] http://www.eluniversal.com/2009/03/09/eco_art_gobierno-apreto-el-a_1295647.shtml
Una persona con bastos recursos económicos o contactos políticos puede ejercer una influencia en el gobierno que un ciudadano común no puede. Una persona que haya financiado la campaña política de un candidato ganador, o una persona con recursos ecónomicos para contratar una empresa de lobby, obviamente tiene mayor peso en la agenda política que un ciudadano común.
Se señala, en parte correctamente, al libre mercado como el responsable de la desigualdad política. Y es que el libre mercado, sumado a factores aleatorios, trae como consecuencia que haya personas que acumulen riqueza mientras que otros apenas tienen para subsistir. El libre mercado divide al mundo en ricos y pobres o, en términos políticos, en ciudadanos de primera y de segunda clase.
Dado que el libre mercado atenta contra el principio de igualdad política, no debería entonces eliminarse el libre mercado? No sería esa la solución?
Podría verse así, sólo que la única alternativa que existe al libre mercado es el socialismo. El socialismo promete una sociedad en donde existe igualdad económica y, como consecuencia de ésta, igualdad política. Pero eso sólo ocurre en la teoría, porque en la práctica, el sistema socialista nunca ha cumplido con su promesa de la igualdad económica, y mucho menos, política.
Pero que sucede con el socialismo tan eficiente de los países europeos? Que más allá del nombre, lo que practican no es socialismo. Es un sistema capitalista de libre mercado, democrático, en el que el estado se compromete a proveer un estándar mínimo de vida mediante la redistribución de los ingresos, pero respetando siempre el libre mercado.
Y no es posible reformar el socialismo y adaptarlo a la democracia? No, porqué el socialismo es un sistema político económico. No se puede mezclar con democracia. Por qué? Porque, de la misma forma que el sistema capitalista está condenado a vivir con el lastre de la desigualdad económica, el sistema socialista está condenado a vivir con el lastre que representa el sacrificio de las libertades del individuo.
A diferencia de la democracia, donde la libertad del individuo es una consecuencia natural, el socialismo real impone la idea de que el bienestar común - un principio que se interpreta según la voluntad de quien detenta el poder - es más importante que la libertad personal. Si lo mejor para el bienestar común es que Ud. vaya a sembrar papas, entonces Ud. se irá a sembrar papas. La sociedad - o el estado en la práctica - se impone sobre el individuo.
Y sólo basta mirar la historia de Cuba, China o el bloque soviético para ver estas verdades. La primavera de Praga de 1968 no es más que una pequeña muestra de la aniquilación de las libertades invididuales llevada a su conclusión lógica. Y es que el modelo político-económico socialista no puede co-existir con un sistema de libertades individuales como la democracia.
La democracia, si se quiere, puede verse como esa muchacha bonita, y al libre mercado como la amiga antipática de aquella. Si queremos estar con la muchacha llamada democracia, tenemos que soportar a su amiga antipática. No nos queda otra opción.
Dadas las anteriores experiencias socialistas, es fácil darse cuenta que los planes actuales del gobierno [1] están condenados al fracaso. Esperemos que el país esté en la capacidad de despertar del delirio socialista antes que sea demasiado tarde, y que retome el camino de la democracia.
[1] http://www.eluniversal.com/2009/03/09/eco_art_gobierno-apreto-el-a_1295647.shtml
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miércoles, 4 de marzo de 2009
¿Quién está atravesando qué cosa?
“A través del abismo.” Millones de venezolanos festejaron con alegría que se aprobara el contenido del referéndum constitucional del pasado quince de febrero. La reelección indefinida de varios puestos públicos permite, es una opinión, la continuación de un proceso de cambios sociales y políticos con los cuales están satisfechos. Millones de venezolanos se sintieron decepcionados y lamentaron que se aprobara el contenido del mismo referéndum. La reelección indefinida permite, es otra opinión, una reinterpretación constitucional que deshace cualquier garantía contra el anquilosamiento de puestos públicos, y por ende, las políticas que desde tales puestos se articulan. Asimismo, y más importantemente para dicha opinión, la continuación de una serie de cambios políticos y sociales con los cuales no están satisfechos, sobremanera porque ni se están llevando a cabo para ellos, ni se les ha tomado en cuenta sus opiniones al momento de articularlos.
Los millones que están felices y satisfechos llaman lo que sucede desde hace diez años una “revolución.” Los millones que están preocupados e insatisfechos llaman lo mismo un “deterioro de la democracia.” Son contados los momentos históricos venezolanos en que tantos han sentido de modo tan distinto un mismo evento político. Lo sobresaliente es que ambas multitudes, sin ironías, sin contradicciones, y sin retóricas, están en lo cierto.
El término “revolución” se emplea para indicar: 1. - un movimiento en órbita o alrededor de un centro o eje; 2. - un derribo, mediante el uso de fuerza, de un gobierno u orden social a favor de un sistema nuevo; 3. - como un concepto marxista, la lucha de clases que se espera llevará a un cambio político y el triunfo del comunismo. En este sentido, la “revolución socialista” propuesta por el presidente Chávez es tanto una continuación de su intento fallido de golpe de estado (nuestro 2), como el establecimiento de un cambio social y político (nuestro 3) que multitudes de venezolanos entienden como un ajuste a las desigualdades de clase existentes en nuestra sociedad y, asimismo, como una promesa de una sociedad mejor, más igualitaria y más participativa. El descontento que este modelo de sociedad crea entre aquellos que no sienten que sus condiciones han mejorado (sino, por el contrario, empeorado), o entre aquellos que han sido excluidos del mismo porque ven los apuros que resultan de participar en el mismo de un modo que no sea reflexivo y crítico, es lo que también hace que podamos considerar la “revolución” en términos de nuestro 1: como una mera inversión de las condiciones iniciales en las cuales se inició la “revolución.” Los millones de votos que solidarizaron con el referéndum, y los millones de votos que lo condenaron, evidencian cómo hoy en dia vivimos en un Venezuela psicótica, en la cual cada mitad de la población existe casi enajenada de la otra.
El deterioro de la democracia que existe en Venezuela no radica en el hecho que se intente llevar a cabo una “revolución.” Desde siempre, las “revoluciones” no ja sido más que la búsqueda de la articulación de reformas, pero de modo expedito, acelerado y que demanda inmediatez. Solamente el apuro por la velocidad es lo que diferencia los cambios “revolucionarios” de las reformas “liberales”, para bien y para mal. Otros cambios sociales y políticos profundos, caracterizados por la inmediatez, también han sido llamados “revoluciones”: de esta manera, hablamos de la “revolución” iniciada por Gandhi mediante su llamado a la “resistencia civil”, que concluyo en la independencia de India; de la “revolución sexual” en la década de los sesenta y setenta que libero a mujeres y homosexuales en muchas naciones; del revolucionario movimiento de “desobediencia civil” ante la segregación racial en los Estados Unidos o el “apartheid” en Sur África; entre otras tantas “revoluciones”.
Lo que separa a estas “revoluciones” de la “revolución” que desde diez años se da en Venezuela es que el resultado de las mismas no fue el conflicto y la insuperable fractura de las sociedades en las cuales se dieron. Por el contrario, estas “revoluciones” alcanzaron a establecer el respeto por los derechos sociales y políticos plenos de aquellos que otrora fueran excluidos y marginalizados, e incluso la creación de nuevos derechos basados en el respeto a la diferencia.
El deterioro de la democracia en Venezuela radica no solamente en la pérdida del respeto a la diferencia, o en la vulnerabilidad de derechos civiles y políticos, o en la imposición constante de reformas y plebiscitos, los cuales en muchas ocasiones se llevan a cabo sin contar siquiera con una discusión publica y critica, sino principalmente en una “revolución” que, año tras año, culminando en una década, se ha desacelerado hasta el punto de considerar irrelevante la exclusión de, persona más, persona menos, la mitad del país que desea renovar. Esta experiencia de sentirse sin casa estando en ella, de sentirse mudo aún teniendo voz, de sentirse como un extranjero ahora que “Venezuela es de todos,” es lo que expresa la metáfora que es título de este blog.
Atravesarlo este abismo dependerá no solamente de recuperar el hogar, asegurarse que se nos escucha, exigir que se nos reconozca como venezolanos también. Dependerá asimismo de entender por qué para la otra mitad ni existen abismos ni sombras, cómo es que la “revolución” sí ha sido capaz de procurarles cambios (quizás poquísimos, pero los suficientes para aceptarlos como mejoras) que no se reducen meramente a “bozales de arepas”, sino que consisten de una novedosa inclusión social y política, el delirante sentimiento de estar participando en la mismísima Historia (sin dudas, una visión hiperbolizado en los movimientos marxistas y socialistas, pero característico de todos los movimientos políticos en realidad), y la preocupación incesante por el hecho que si la “revolución” cesara, las condiciones sociales y políticas de ahora volverían a las iniciales, a aquellas existentes antes de la “revolución”, donde quiénes atravesaban el abismo eran ellos.
Atravesar el abismo, pues, es tanto acepar el deterioro de la democracia en Venezuela había comenzado antes de la “revolución” (que la dichosa “revolución”, cambiándolo todo sin cambiarlo en realidad, solamente puso los abismos en evidencia), como aceptar el imperativo de divisar modos de constituir una nueva democracia venezolana que no solamente incluya a todos, sino que les brinde a todos la oportunidad de entender que el horizonte hacia el cual nos encaminamos como nación es, y necesitar ser siempre, un horizonte común. De lo contrario, solamente nos limitaremos a continuar atravesando abismos.
Los millones que están felices y satisfechos llaman lo que sucede desde hace diez años una “revolución.” Los millones que están preocupados e insatisfechos llaman lo mismo un “deterioro de la democracia.” Son contados los momentos históricos venezolanos en que tantos han sentido de modo tan distinto un mismo evento político. Lo sobresaliente es que ambas multitudes, sin ironías, sin contradicciones, y sin retóricas, están en lo cierto.
El término “revolución” se emplea para indicar: 1. - un movimiento en órbita o alrededor de un centro o eje; 2. - un derribo, mediante el uso de fuerza, de un gobierno u orden social a favor de un sistema nuevo; 3. - como un concepto marxista, la lucha de clases que se espera llevará a un cambio político y el triunfo del comunismo. En este sentido, la “revolución socialista” propuesta por el presidente Chávez es tanto una continuación de su intento fallido de golpe de estado (nuestro 2), como el establecimiento de un cambio social y político (nuestro 3) que multitudes de venezolanos entienden como un ajuste a las desigualdades de clase existentes en nuestra sociedad y, asimismo, como una promesa de una sociedad mejor, más igualitaria y más participativa. El descontento que este modelo de sociedad crea entre aquellos que no sienten que sus condiciones han mejorado (sino, por el contrario, empeorado), o entre aquellos que han sido excluidos del mismo porque ven los apuros que resultan de participar en el mismo de un modo que no sea reflexivo y crítico, es lo que también hace que podamos considerar la “revolución” en términos de nuestro 1: como una mera inversión de las condiciones iniciales en las cuales se inició la “revolución.” Los millones de votos que solidarizaron con el referéndum, y los millones de votos que lo condenaron, evidencian cómo hoy en dia vivimos en un Venezuela psicótica, en la cual cada mitad de la población existe casi enajenada de la otra.
El deterioro de la democracia que existe en Venezuela no radica en el hecho que se intente llevar a cabo una “revolución.” Desde siempre, las “revoluciones” no ja sido más que la búsqueda de la articulación de reformas, pero de modo expedito, acelerado y que demanda inmediatez. Solamente el apuro por la velocidad es lo que diferencia los cambios “revolucionarios” de las reformas “liberales”, para bien y para mal. Otros cambios sociales y políticos profundos, caracterizados por la inmediatez, también han sido llamados “revoluciones”: de esta manera, hablamos de la “revolución” iniciada por Gandhi mediante su llamado a la “resistencia civil”, que concluyo en la independencia de India; de la “revolución sexual” en la década de los sesenta y setenta que libero a mujeres y homosexuales en muchas naciones; del revolucionario movimiento de “desobediencia civil” ante la segregación racial en los Estados Unidos o el “apartheid” en Sur África; entre otras tantas “revoluciones”.
Lo que separa a estas “revoluciones” de la “revolución” que desde diez años se da en Venezuela es que el resultado de las mismas no fue el conflicto y la insuperable fractura de las sociedades en las cuales se dieron. Por el contrario, estas “revoluciones” alcanzaron a establecer el respeto por los derechos sociales y políticos plenos de aquellos que otrora fueran excluidos y marginalizados, e incluso la creación de nuevos derechos basados en el respeto a la diferencia.
El deterioro de la democracia en Venezuela radica no solamente en la pérdida del respeto a la diferencia, o en la vulnerabilidad de derechos civiles y políticos, o en la imposición constante de reformas y plebiscitos, los cuales en muchas ocasiones se llevan a cabo sin contar siquiera con una discusión publica y critica, sino principalmente en una “revolución” que, año tras año, culminando en una década, se ha desacelerado hasta el punto de considerar irrelevante la exclusión de, persona más, persona menos, la mitad del país que desea renovar. Esta experiencia de sentirse sin casa estando en ella, de sentirse mudo aún teniendo voz, de sentirse como un extranjero ahora que “Venezuela es de todos,” es lo que expresa la metáfora que es título de este blog.
Atravesarlo este abismo dependerá no solamente de recuperar el hogar, asegurarse que se nos escucha, exigir que se nos reconozca como venezolanos también. Dependerá asimismo de entender por qué para la otra mitad ni existen abismos ni sombras, cómo es que la “revolución” sí ha sido capaz de procurarles cambios (quizás poquísimos, pero los suficientes para aceptarlos como mejoras) que no se reducen meramente a “bozales de arepas”, sino que consisten de una novedosa inclusión social y política, el delirante sentimiento de estar participando en la mismísima Historia (sin dudas, una visión hiperbolizado en los movimientos marxistas y socialistas, pero característico de todos los movimientos políticos en realidad), y la preocupación incesante por el hecho que si la “revolución” cesara, las condiciones sociales y políticas de ahora volverían a las iniciales, a aquellas existentes antes de la “revolución”, donde quiénes atravesaban el abismo eran ellos.
Atravesar el abismo, pues, es tanto acepar el deterioro de la democracia en Venezuela había comenzado antes de la “revolución” (que la dichosa “revolución”, cambiándolo todo sin cambiarlo en realidad, solamente puso los abismos en evidencia), como aceptar el imperativo de divisar modos de constituir una nueva democracia venezolana que no solamente incluya a todos, sino que les brinde a todos la oportunidad de entender que el horizonte hacia el cual nos encaminamos como nación es, y necesitar ser siempre, un horizonte común. De lo contrario, solamente nos limitaremos a continuar atravesando abismos.
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Vox populi, vox dei?
Ojalá el problema de Venezuela se limitará a sacar a Chávez del poder. Pero no, el problema no es sólo Chávez. Es todo el sistema político. Es la sociedad. No se puede aspirar a tener líderes buenos cuando la sociedad de la que provienen está sumida en la estulticia y la frivolidad. Mientras la sociedad venezolana no se ponga las botas.
La culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote. La pobreza y exclusión que fueron creciendo en los últimos 30 años han sido caldo de cultivo para este desastre en que estamos sumidos y para el que no veo pronta salida. Y mientras la miseria y la exclusión siguen igual que antes, tengo serias reservas de que las cosas mejoren. En cuanto a la capacidad de este gobierno para enderezar el rumbo en los cuatro años que le quedan y dejar atrás esos lastres de nuestra sociedad.
El ciudadano está cansado de la forma en que se maneja la política, pues más parece importar a los políticos salir en la TV que resolver los problemas del país. Es más importante la popularidad o el número de votos, o una cifra mágica (coeficiente de Gini, tasa de crecimiento macroeconómico, etc.) que la realidad de millones de venezolanos que siguen viviendo en la pobreza y sumidos en la violencia. Y de este pecado son culpables tanto el gobierno como la oposición.
Por ejemplo, parece que es más importante para el presidente hacer de vedette tele-evangelista y gastar una pequeña fortuna en cientos de horas de cadenas, discursos y programas de televisión, que trabajar para las personas que lo eligieron y que claman por seguridad, vivienda o una remuneración digna.
Porque como lo demuestran las protestas de trabajadores del Metro, de PDVSA y de las empresas de Guayana, las protestas contra la inseguridad, o las permanentes protestas frente al CONAVI, la promesa de luchar por el "Pueblo" no existe más allá de la retórica presidencial. Pura demagogia. Pura paja. Palabras vacías y promesas incumplidas.
Por otra parte, no puedo encontrar sino risible la mania ciega de convertir a Chávez, mediante la mágica transubstanciación del voto, en el "Pueblo". "Pueblo" no es más que una palabra que usa quien detenta el poder para imponer su voluntad. Esto no es distinto a cuando los reyes invocaban el derecho divino para hacer lo que les venía en gana. Y es que "Pueblo" son igualmente los que votan por Chávez como los que no lo hacen. "Pueblo" son igualmente el estudiante universitario, el obrero de la fábrica y la señora de alta sociedad.
Para tener una mejor idea de a donde pueden llevar estás ideas distorsionadas sobre "Pueblo", sólo falta echar un vistazo a la Alemania nazi para tener una idea de a donde llevan esas ideas de "Pueblo" que excluyen a los que no están de acuerdo. También podría aprovechar la oportunidad y aprender como el "Pueblo" alemán se equivocó. Porque ese es otro mito común: el "Pueblo" es infalible. El "Pueblo" no se equívoca. Supongo que esa supuesta infalibilidad del "Pueblo" debe ser un verdadero consuelo para los millones de alemanes disidentes enviados a campos de concentración, o los millones de alemanes sobrevivientes de la 2da Guerra Mundial que tuvieron que soportar años de miseria.
Y quizás no hace falta ir tan lejos para ver lo voluble que es la "voluntad popular": no fue acaso el "Pueblo" venezolano quien mediante el voto permitió durante más de 40 años permanecer a las "cúpulas podridas" de AD y Copei?
Es hora de olvidarse de esa idea abstracta de pueblo y empezar a reconocer en el venezolano que se encuentra en la acera del frente al conciudadano. A la persona que tiene tantos derechos y deberes como nosotros. A la persona de cuyo progreso depende no sólo su bienestar, sino el bienestar mío y del país. Es hora de que el voto deje de ser usado como coartada política y recupere su papel básico: herramienta que nos permite dirimir nuestros desacuerdos.
La culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote. La pobreza y exclusión que fueron creciendo en los últimos 30 años han sido caldo de cultivo para este desastre en que estamos sumidos y para el que no veo pronta salida. Y mientras la miseria y la exclusión siguen igual que antes, tengo serias reservas de que las cosas mejoren. En cuanto a la capacidad de este gobierno para enderezar el rumbo en los cuatro años que le quedan y dejar atrás esos lastres de nuestra sociedad.
El ciudadano está cansado de la forma en que se maneja la política, pues más parece importar a los políticos salir en la TV que resolver los problemas del país. Es más importante la popularidad o el número de votos, o una cifra mágica (coeficiente de Gini, tasa de crecimiento macroeconómico, etc.) que la realidad de millones de venezolanos que siguen viviendo en la pobreza y sumidos en la violencia. Y de este pecado son culpables tanto el gobierno como la oposición.
Por ejemplo, parece que es más importante para el presidente hacer de vedette tele-evangelista y gastar una pequeña fortuna en cientos de horas de cadenas, discursos y programas de televisión, que trabajar para las personas que lo eligieron y que claman por seguridad, vivienda o una remuneración digna.
Porque como lo demuestran las protestas de trabajadores del Metro, de PDVSA y de las empresas de Guayana, las protestas contra la inseguridad, o las permanentes protestas frente al CONAVI, la promesa de luchar por el "Pueblo" no existe más allá de la retórica presidencial. Pura demagogia. Pura paja. Palabras vacías y promesas incumplidas.
Por otra parte, no puedo encontrar sino risible la mania ciega de convertir a Chávez, mediante la mágica transubstanciación del voto, en el "Pueblo". "Pueblo" no es más que una palabra que usa quien detenta el poder para imponer su voluntad. Esto no es distinto a cuando los reyes invocaban el derecho divino para hacer lo que les venía en gana. Y es que "Pueblo" son igualmente los que votan por Chávez como los que no lo hacen. "Pueblo" son igualmente el estudiante universitario, el obrero de la fábrica y la señora de alta sociedad.
Para tener una mejor idea de a donde pueden llevar estás ideas distorsionadas sobre "Pueblo", sólo falta echar un vistazo a la Alemania nazi para tener una idea de a donde llevan esas ideas de "Pueblo" que excluyen a los que no están de acuerdo. También podría aprovechar la oportunidad y aprender como el "Pueblo" alemán se equivocó. Porque ese es otro mito común: el "Pueblo" es infalible. El "Pueblo" no se equívoca. Supongo que esa supuesta infalibilidad del "Pueblo" debe ser un verdadero consuelo para los millones de alemanes disidentes enviados a campos de concentración, o los millones de alemanes sobrevivientes de la 2da Guerra Mundial que tuvieron que soportar años de miseria.
Y quizás no hace falta ir tan lejos para ver lo voluble que es la "voluntad popular": no fue acaso el "Pueblo" venezolano quien mediante el voto permitió durante más de 40 años permanecer a las "cúpulas podridas" de AD y Copei?
Es hora de olvidarse de esa idea abstracta de pueblo y empezar a reconocer en el venezolano que se encuentra en la acera del frente al conciudadano. A la persona que tiene tantos derechos y deberes como nosotros. A la persona de cuyo progreso depende no sólo su bienestar, sino el bienestar mío y del país. Es hora de que el voto deje de ser usado como coartada política y recupere su papel básico: herramienta que nos permite dirimir nuestros desacuerdos.
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jueves, 26 de febrero de 2009
Cuál oposición?
Hasta ahora la oposición a Chávez se ha movido entre dos polos: uno formado por aquellos que ven al gobierno como una dictadura y aquellos que lo ven como un régimen democrático pero autoritario. Basados en esas visiones, cada polo plantea soluciones distintas al problema.
Los primeros tratan de desenmascarar al gobierno y sus prácticas e intenciones dictatoriales, mientras que tratan de alimentar el espíritu insurreccional de los ciudadanos. Estos alegan que todo el sistema electoral es una farsa y que el CNE cohonesta el fraude. También afirman que Chávez no entregará el poder si pierde unas elecciones. No hace falta más que ver que el ex-presidente del CNE fue a los pocos meses de terminar su gestión nombrado Vice-Presidente, y que se ha hecho todo lo posible por sabotear las gestiones recién iniciadas en la región capital y Táchira.
Los segundos creen que la salida es electoral. Indican que no se puede negar que millones de personas apoyan al gobierno y que aunque se trata de una lucha desigual contra un gobierno que usa ilegalmente los recursos del estado, la única salida es convencer a los venezolanos de que ellos son la mejor alternativa. Como argumento de peso señalan que la oposición logró ganar importantes gobernaciones y alcaldías el año pasado, y que se debe seguir luchando para hacer que la oposición sea mayoría. Mientras tanto, no se oye a este grupo hablando de presos políticos, violación de derechos humanos ni luchan de forma eficaz por elecciones limpias y justas.
Ambas facciones tienen sus méritos y defectos. Con los primeros concuerdo en su lucha en defensa de los presos políticos, la discriminación política y su exigencia de elecciones limpias. No obstante no creo que uno pueda decretar o convocar una insurrección popular. Esta ocurre o no ocurre. Y en este momento el país está embriagado por el festín petrolero, completamente obnubilado e indiferente a las miserias de los exiliados, presos y perseguidos políticos. Otro punto débil es su visión inmediatista: aunque es imprescindible salir de Chávez tan pronto como sea posible, no podemos dar un salto al vacío como ocurrió el 11 de abril de 2002.
Por otro lado los que creen en la salida democrática tienen razón en algo: Chávez cuenta con un apoyo popular que no se debe ignorar. Los votos del chavismo son de Chávez. Poco importa se los ha ganado por medio de su trabajo o con cuentos chinos, esos votos son de él. Así como se critica a Chávez por darle la espalda a la mitad del país, no se puede dar la espalda a esos millones que apoyan al chavismo. La única forma de evitar una confrontación violenta en el país es dirimir las diferencias políticas mediante el voto.
Pero, es posible para la oposición lograr esa mayoría? De quién son los votos de la oposición? Pues parece que también son de Chávez. Por qué la mayoría no vota por Primero Justicia o Un Nuevo Tiempo, muchos menos por Rosales o Borges. No dudo que haya gente que si lo haga, pero no son la mayoría. La mayoría vota contra Chavéz.
En On Democracy, Dahl describe como nace el sistema de partidos nacionales en EEUU. Describe como durante la presidencia de John Adams, Jefferson y Madison concluyeron que la única manera de derrotar las políticas federalistas del presidente Adams era, no a través de la oposición en el congreso y en el gabinete, sino sacando a Adams de la presidencia. A tal fin crearon una maquinaria electoral (partido político) organizado hasta el último precinto para poder movilizar y mantener activos a sus partidarios. Ese trabajo les tomó diez años. Es natural que ese trabajo nace de la convocatoria de gente con intereses comunes, en su caso la lucha contra el federalismo.
Por nuestra parte, la oposición en esto diez años no se ha puesto de acuerdo, no se ha organizado, no ha generado propuestas, no se ha avanzado. La oposición sigue desorientada y se sigue preguntando: que hacemos ahora?
Apenas ahora, luego de 10 años es que empieza a plantearse la necesidad de crear una alternativa creíble que se oponga al chavismo. Y nunca falta un charlatán que diga que no hace falta un proyecto de país porque aquí los adecos ganaban elecciones sin ningún plan - Petkoff dixit.
Qué hacer como ciudadanos? Seguir el ejemplo de los estudiantes. Los estudiantes van bien encaminados. Se han empezado a organizar por su cuenta y a buscar ganarse el respeto y la confianza de las clases menos favorecidas.
Los ciudadanos opositores deben olvidarse de que de los partidos surgirá un salvador. Deben organizarse y luchar por elecciones limpias y transparentes. Deben organizarse y empezar a informarse y apoyar la causa de los perseguidos políticos. Deben amparar a todos aquellos que son abandonados por el estado o la sociedad. Deben luchar por mejorar la democracia.
Es hora de olvidarse de Chávez y reconocer a esos millones de venezolanos que viven en la pobreza. Es hora de empezar a buscar soluciones que permitan alcanzar el deseo común de igualdad y bienestar social entre los venezolanos.
Los primeros tratan de desenmascarar al gobierno y sus prácticas e intenciones dictatoriales, mientras que tratan de alimentar el espíritu insurreccional de los ciudadanos. Estos alegan que todo el sistema electoral es una farsa y que el CNE cohonesta el fraude. También afirman que Chávez no entregará el poder si pierde unas elecciones. No hace falta más que ver que el ex-presidente del CNE fue a los pocos meses de terminar su gestión nombrado Vice-Presidente, y que se ha hecho todo lo posible por sabotear las gestiones recién iniciadas en la región capital y Táchira.
Los segundos creen que la salida es electoral. Indican que no se puede negar que millones de personas apoyan al gobierno y que aunque se trata de una lucha desigual contra un gobierno que usa ilegalmente los recursos del estado, la única salida es convencer a los venezolanos de que ellos son la mejor alternativa. Como argumento de peso señalan que la oposición logró ganar importantes gobernaciones y alcaldías el año pasado, y que se debe seguir luchando para hacer que la oposición sea mayoría. Mientras tanto, no se oye a este grupo hablando de presos políticos, violación de derechos humanos ni luchan de forma eficaz por elecciones limpias y justas.
Ambas facciones tienen sus méritos y defectos. Con los primeros concuerdo en su lucha en defensa de los presos políticos, la discriminación política y su exigencia de elecciones limpias. No obstante no creo que uno pueda decretar o convocar una insurrección popular. Esta ocurre o no ocurre. Y en este momento el país está embriagado por el festín petrolero, completamente obnubilado e indiferente a las miserias de los exiliados, presos y perseguidos políticos. Otro punto débil es su visión inmediatista: aunque es imprescindible salir de Chávez tan pronto como sea posible, no podemos dar un salto al vacío como ocurrió el 11 de abril de 2002.
Por otro lado los que creen en la salida democrática tienen razón en algo: Chávez cuenta con un apoyo popular que no se debe ignorar. Los votos del chavismo son de Chávez. Poco importa se los ha ganado por medio de su trabajo o con cuentos chinos, esos votos son de él. Así como se critica a Chávez por darle la espalda a la mitad del país, no se puede dar la espalda a esos millones que apoyan al chavismo. La única forma de evitar una confrontación violenta en el país es dirimir las diferencias políticas mediante el voto.
Pero, es posible para la oposición lograr esa mayoría? De quién son los votos de la oposición? Pues parece que también son de Chávez. Por qué la mayoría no vota por Primero Justicia o Un Nuevo Tiempo, muchos menos por Rosales o Borges. No dudo que haya gente que si lo haga, pero no son la mayoría. La mayoría vota contra Chavéz.
En On Democracy, Dahl describe como nace el sistema de partidos nacionales en EEUU. Describe como durante la presidencia de John Adams, Jefferson y Madison concluyeron que la única manera de derrotar las políticas federalistas del presidente Adams era, no a través de la oposición en el congreso y en el gabinete, sino sacando a Adams de la presidencia. A tal fin crearon una maquinaria electoral (partido político) organizado hasta el último precinto para poder movilizar y mantener activos a sus partidarios. Ese trabajo les tomó diez años. Es natural que ese trabajo nace de la convocatoria de gente con intereses comunes, en su caso la lucha contra el federalismo.
Por nuestra parte, la oposición en esto diez años no se ha puesto de acuerdo, no se ha organizado, no ha generado propuestas, no se ha avanzado. La oposición sigue desorientada y se sigue preguntando: que hacemos ahora?
Apenas ahora, luego de 10 años es que empieza a plantearse la necesidad de crear una alternativa creíble que se oponga al chavismo. Y nunca falta un charlatán que diga que no hace falta un proyecto de país porque aquí los adecos ganaban elecciones sin ningún plan - Petkoff dixit.
Qué hacer como ciudadanos? Seguir el ejemplo de los estudiantes. Los estudiantes van bien encaminados. Se han empezado a organizar por su cuenta y a buscar ganarse el respeto y la confianza de las clases menos favorecidas.
Los ciudadanos opositores deben olvidarse de que de los partidos surgirá un salvador. Deben organizarse y luchar por elecciones limpias y transparentes. Deben organizarse y empezar a informarse y apoyar la causa de los perseguidos políticos. Deben amparar a todos aquellos que son abandonados por el estado o la sociedad. Deben luchar por mejorar la democracia.
Es hora de olvidarse de Chávez y reconocer a esos millones de venezolanos que viven en la pobreza. Es hora de empezar a buscar soluciones que permitan alcanzar el deseo común de igualdad y bienestar social entre los venezolanos.
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domingo, 22 de febrero de 2009
La democracia y sus quimeras (II)
Es posible la igualdad política cuando existe desigualdad ecónomica? De acuerdo a lo manifestado por Laveaga en la democracia y sus quimeras, esto no es posible. La democracia representativa, tal como se plantea hoy en día, se basa en la acción de grupos de interés que concentran sus esfuerzos en modificar las decisiones de los representantes electos. Un pequeño grupo bien organizado, y con recursos económicos, puede lograr que la balanza se incline a su favor en el momento que los representantes tengan que tomar alguna decisión de importancia.
Entonces, mientras que la mayoría desorganizada sólo puede ejercer su opinión a través del voto cada tanto tiempo, un grupo pequeño (una oligarquía si se quiere), ejerce el control real del sistema democrático. Poco importa que existan referenda revocatorios o se ejerza el voto castigo. Porque mientras estos grupos sigan operando a la sombra, poco importa quien sea el representante electo, sólo se cambiará al custodio de un grupo por el de otro.
Porqué después de todo, quienes financian las campañas políticas? Puede acaso un Juan Bimba aspirar a un cargo electo de importancia sin contar con alguien que lo respalde económicamente? Es difícil hacer campaña electoral sin contar con los recursos que ofrece generosamente algún grupo preocupado por el bienestar de sus miembros, ya sean estos sindicatos, asociaciones de empresarios o sociedades de diversa índole.
Es cierto que la desigualdad económica no es producto de la democracia. Sus orígenes se remontan incluso a los orígenes de la nación. Pero mientras mientras exista desigualdad económica, dificilmente podrá existir auténtica igualdad política, más allá de la ilusoria igualdad del voto. La democracia estará caminando sobre la cuerda floja.
Debe responder la democracia al problema de la desigualdad económica? Si se persigue auténtica igualdad política, así debería ser. La pregunta que permanece en el aire es como hacerlo.
Entonces, mientras que la mayoría desorganizada sólo puede ejercer su opinión a través del voto cada tanto tiempo, un grupo pequeño (una oligarquía si se quiere), ejerce el control real del sistema democrático. Poco importa que existan referenda revocatorios o se ejerza el voto castigo. Porque mientras estos grupos sigan operando a la sombra, poco importa quien sea el representante electo, sólo se cambiará al custodio de un grupo por el de otro.
Porqué después de todo, quienes financian las campañas políticas? Puede acaso un Juan Bimba aspirar a un cargo electo de importancia sin contar con alguien que lo respalde económicamente? Es difícil hacer campaña electoral sin contar con los recursos que ofrece generosamente algún grupo preocupado por el bienestar de sus miembros, ya sean estos sindicatos, asociaciones de empresarios o sociedades de diversa índole.
Es cierto que la desigualdad económica no es producto de la democracia. Sus orígenes se remontan incluso a los orígenes de la nación. Pero mientras mientras exista desigualdad económica, dificilmente podrá existir auténtica igualdad política, más allá de la ilusoria igualdad del voto. La democracia estará caminando sobre la cuerda floja.
Debe responder la democracia al problema de la desigualdad económica? Si se persigue auténtica igualdad política, así debería ser. La pregunta que permanece en el aire es como hacerlo.
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