jueves, 16 de abril de 2009

La Adolescencia Política

No es la primera vez que se escribe: La oposición ha sido el gran aliado de Chávez, el benefactor secreto aunque involuntario.

Como crítico del chavismo siempre duele vislumbrar y exponer los beneficios del adversario, pero cada vez me ofende menos aceptar que Chávez es tan necesario como inevitable. No me refiero, desde luego, a las políticas que ha emprendido ni a sus resultados que son claramente contrarios al más elemental bienestar en la convivencia, sino al conflicto que pone sobre la mesa. Chávez es producto de lo que pareciera ser una crisis de hartazgo en la sociedad venezolana hace más de diez años, que después de un gran período de letargo empezó a reprocharse a sí misma mayor seriedad y madurez política, independientemente de que lo haya logrado o no.

No es mi intención despreciar el denso recorrido histórico que la colectividad venezolana ha transitado desde hace más de doscientos años, en la batalla por construir un sistema de gobierno. Pero sí es evidente que los tan machacados por Chávez y ciertamente reprobables años de “democracia” que vivió Venezuela prechavista no podían concluir en algo demasiado distinto de lo que ahora sufrimos. Era sólo cuestión de tiempo que una tragedia siguiese a tanta inconsciencia, falsa ingenuidad y cómoda infantilidad.

Han de ser pocos los desesperados que deseen volver a aquellos tiempos de cinismo y corrupción. No porque ahora estemos mejor, en lo más mínimo, sino porque era inadmisible seguir por esa vía. En aquel momento Chávez no robó nada a los venezolanos, al contrario, nos brindó la esperanza de que algo diferente era posible, aunque luego nos decepcionara. Como dijo Laureano Márquez hace años en una entrevista de televisión “¿Es que nosotros pensábamos seguir con ese jueguito de AD y COPEI toda la vida?” De cualquier manera el retorno al paraíso perdido es imposible. En mi opinión es una bendición que sea imposible, en primer lugar porque no era ni remotamente paradisíaco, y en segundo porque la imposibilidad de regresar nos obliga a trabajar por un futuro inédito.

Tristemente este cambio de posición, movimiento o desarrollo no hubiese sido posible sin Chávez, o tal vez sí, pero en medio del furor adolescente por el cambio se comenten errores, como en el que ahora nos encontramos sumergidos. Cuando un púber se reclama a sí mismo mayor madurez, sin tenerla, no puede generar más que un desastre de las proporciones que actualmente vivimos. Pero aún así este movimiento de autocrítica e inquietud ante el propio letargo e indolencia es mucho más fértil que si continuáramos embriagados del opio de la esperanza injustificada, de la rosada idea de que todo cambiará en algún momento y por alguna razón.

En otras oportunidades he asegurado que no necesitamos un caudillo. No es lo mismo que no requerir liderazgo. En realidad nos hace falta organización e iniciativa; una dirigencia que colabore en canalizar las intensas fuerzas opositoras es fundamental. Es muy probable que no caigamos en un liderazgo egocéntrico y autocrático, sino en la elección de una o varias personalidades que mantengan una postura dialogante y parlamentaria con todos los sectores. Esperemos que hayamos aprendido que un caudillo no sólo no resuelve nuestros problemas de un plumazo, sino que nos proporciona nuevos y más complejos escollos.

3 comentarios:

  1. de acuerdo, hace falta un nuevo liderazgo. no tengo dudas de que hay gente competente, pero no sé si tienen lo que hace falta: un mensaje y disposición al sacrificio.

    que opinan uds?

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  2. Habrías de elaborar un poco a qué te refieres con mensaje y disposición al sacrificio.

    En general en política es dificil encontrar aquella repetitiva caricatura de "usted primero", "no, después de usted."

    Considero necesario un liderazgo más sobrio y con propuestas que hagan contrapeso a las políticas oficiales.

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  3. pensamos lo mismo, pero lo llamamos distinto: cambur, banana... es igual.

    lo que yo llamo mensaje es lo que tu llamas propuesta, algo mas alla del "chavez vete ya". Lo llamo mensaje porque tiene un destinatario y este debe entenderlo.

    Lo que llamo disposicion al sacrificio es parte de esa sobriedad de la que hablas. Siempre queda esa desconfianza hacia el politico, quizas porque siempre predomina esa actitud de "que me pongan donde hay".

    Creo que te podria interesar la ultima entrada: el ciudadano y la accion politica

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