lunes, 8 de febrero de 2010

pobreza

Como se puede luchar contra la pobreza cuando no se entienden sus orígenes?

La visión que tienen los políticos de la derecha o de la izquierda sobre la pobreza no son más que lecturas superficiales del problema. Decir que la gente es pobre porque quiere ser pobre o que la gente es pobre porque son explotados por los ricos, son reducciones simplistas y prejuiciadas del asunto.

Mucho se ha estudiado y dicho sobre la pobreza y su relación con la sociología, economía y política, pero parece que las claves para su erradicación parecen evadirnos. No es mi intención debatir la validez de los trabajos realizados en el área, pero creo que pretender conseguir una solución universal es una utopía imposible de lograr.

Cualquier enfoque que trate de ver el asunto como un problema colectivo pierde de vista al individuo. Es cierto que las consecuencias de la pobreza son sufridos no sólo por los pobres, sino por la sociedad en general, pero el problema no se soluciona con enfoques globales, que no tienen que ver con la realidad, sino con soluciones individuales.

Como en cualquier agrupación de personas, entre los pobres hay toda clase de individuos. No solamente hablo de las diferencias económicas, sino de interéses, motivaciones, circunstancias familiares, educación, entre tantas otras, que juegan un papel en la vida de una persona. La pobreza de una persona no siempre es consecuencia únicamente de malas decisiones personales, sino de circunstancias que escapan a veces de las manos de las personas.

Sin lugar a dudas hay cientos o miles de historias de personas que ha superado la pobreza. Estas personas siempre hacen referencia al valor del trabajo, la educación y el ahorro como claves de su progreso. Es cierto que existen personas pobres que no asumen estas ideas en su importancia y prefieren gastar el dinero de forma frívola, pero hay otras personas que siguen estos principios y no logran progresar. Después de todo, sin la posibilidad de un empleo estable - situación que depende en parte de la suerte - no es posible hablar de trabajo ni de ahorro.

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En otros países existen mecanismos de asistencia social para las personas de escasos recursos. Es común en países donde el estado actúa como un intermediario que se encarga de redistribuir la riqueza para ayudar a las personas a contar con los medios necesarios para vivir. Esto los mantiene alejados de la miseria y del crimen.

Más allá de las dificultades que representa mantener un sistema social de este tipo (factores como la edad de jubilación y la tasa de desempleo pueden amenazar al sistema, como sucede hoy en día en Alemania), muchas personas cuestionan la justicia de sacarle el dinero del bolsillo a los trabajadores para dárselo a personas que "no quieren trabajar".

Visto con esa lógica, parece toda una injusticia. Una persona trabaja para mantener a alguien que se contenta con vivir como un parásito? Como siempre, la realidad es un poco más compleja. Es cierto que, como en todo grupo de personas, habrá gente que quiera aprovecharse de los demás. Pero no son la mayoría. Es cierto que muchas veces es difícil distinguir entre quienes sólo quieren aprovecharse y quienes quieren progresar honestamente, pero esto no resta méritos a la idea.
Un sistema que evite que el dinero llegue a las personas incorrectas es una solución a este problema, aunque esto representa una burocracia adicional que hace todo más costoso.

No digo que los programas sociales sean una solución al problema de la pobreza. De hecho, la existencia de estos programas trae consigo nuevos problemas que deben ser atendidos, como ya se señaló. No obstante, ofrecer la oportunidad a las personas para mejorar su condición social - sea esta mediante un programa social o microcréditos - es parte esencial de la lucha contra la pobreza.

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Aunque existen programas de ayuda social de este tipo en Venezuela, estos sufren de dos problemas fundamentales: son afectados por un marcado clientelismo que obliga a las personas a alinearse con un partido político y no tienen ningún mecanismo real de seguimiento para ver si efectivamente ese dinero se invierte en las personas correctas o es termina en los bolsillo de algún burócrata.

Sin lugar a duda las becas otorgadas a estudiantes de bajos recursos son una buena idea, pero como sucede frecuentemente con este gobierno, la idea está pésimamente implementada y la contraloría es escasa o inexistente. Adicionalmente, los centros de enseñanza donde estudian los becarios suelen ser centros de adoctrinamiento, donde la calidad de la enseñanza deja mucho que desear.

Otra faceta problemática de estos programas tiene que ver con la posibilidad de mantenerlos a largo plazo. Mucho de los programas son financiados directamente con la renta petrolera. Es decir, el gasto será mayor si hay precios de petróleo altos y menor si hay precios bajos. Es decir, si el precio del petróleo desciende, el financiamiento se reducirá y no habrá asistencia para tantas personas como antes. O el gobierno recurrirá a medidas como la devaluación de la moneda para poder mantenerlos a flote, como sucede ahora mismo.

Los programas no deben desaparecer, pero se les debe dar un sustento real. Para lograr eso, es necesario que los programas dejen de ser vistos como instrumentos para la captura de votos y empezar a ser vistos como armas en la lucha contra la pobreza. Se debe mejorar la contraloría de estos gastos y desvincularlos de los ingresos extraordinarios de la renta petrolera.

Una alternativa para garantizar los fondos de estos programas es la creación de un fondo petrolero, como se mencionó en entradas anteriores [1] . No obstante, esto no permitiría al gobierno disponer de fondos para mejorar su popularidad con miras a mantenerse en el poder por la vía electoral.

Mientras las prioridades sigan siendo la popularidad política y no verdaderas soluciones al problema de la pobreza, mientras la "lucha contra la pobreza" no deje de ser un slogan lleno de hipocresía y que oculta las verdaderas intenciones de los políticos, hay pocas esperanzas de iniciar el camino correcto para llegar a una solución.


[1] http://atravesdelabismo.blogspot.com/2009/02/escasez-de-criterio-o-criterio-de.html

viernes, 5 de febrero de 2010

Estudiantes! Estudiantes!

Soy de aquellos que piensan que no hay nada que celebrar el 4 de febrero. Un golpe de estado militar no tiene nada de digno. No obstante, este año los estudiantes han dado otra cara a esta fecha. Porque, aunque es el 12 de febrero cuando se celebra el día de la juventud en Venezuela, parece que los estudiantes han decidido iniciar la celebración por adelantado.

No puedo evitar manifestar mi admiración por los jóvenes estudiantes que hoy dan la cara por la democracia venezolana. Aunque la represión policial no les permitió llegar a su destino final, siento un profundo respeto por todos esos muchachos llenos de ideales y determinación que luchan hoy por un futuro mejor.

Por ese motivo, no puedo dejar de revisar las declaraciones hechas por el presidente en las que crítica a los estudiantes ferozmente. Hay algunos pasajes que me gustaría comentar.

"Quien puede olvidar el año 91, eso si era una verdadera rebelión estudiantil, no estos cuatro hijos de papá de la burguesía que pretenden apoderarse de esa condición heroica de estudiantes".[1]

Acaso alguien recuerda porque protestaban los estudiantes en los años 90? Por el aumento del pasaje estudiantil. Qué medios utilizaban? Armas de fuego, bombas molotov y cuanto objeto contundente tuvieran a la mano. Quienes eran esos estudiantes? Pequeños grupos de encapuchados, muchos de ellos no eran siquiera estudiantes o tenían décadas en la universidad sin concluir sus estudios. Y es un hecho conocido que algunos de esos encapuchados ocupan hoy puestos en el gobierno...

Los estudiantes de hoy no protestan para mantener sus prebendas particulares. Protestan para defender la libertad de expresión y para que el gobierno actúe apegada a las leyes de la nación. Hacen uso de armas de fuego o de bombas molotov? No. Son pequeños grupos de encapuchados que se hacen pasar por estudiantes? No. Son un numeroso grupo de estudiantes, que cuando usan máscaras no es para ocultar su identidad, sino para protegerse de los gases tóxicos con que los atacan las fuerzas represivas del estado.

Sólo un irresponsable preferiría a un "estudiante" encapuchado y armado que defiende intereses mezquinos, en lugar de un dirigente estudiantil elegido democráticamente por sus compañeros y que da la cara para defender la democracia y los derechos de todos.

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"Sigan tratando de tumbar el Gobierno revolucionario con las manitos blancas. Sigan tratándolo. Nunca lo van a lograr porque si nos buscan por el camino de las armas incluso aquí estamos nosotros con la espada de Bolívar dispuesto a batirnos, donde sea, por la libertad de Venezuela, por la revolución bolivariana. ¡No se equivoquen!".[1]

Para lo que quedó la espada de Bolívar! Para decapitar estudiantes desarmados... Un gobierno no se tumba con manos pintadas de blanco. Y ya se ha comprobado que los grupos armados son protegidos y financiados por el gobierno. Los estudiantes no tienen armas de fuego ni bombas molotov, aunque la propaganda oficial se esfuerce por demostrar lo contrario. [2]

Ya los estudiantes lo han dicho en diferentes escenarios: Su intención no es derrocar al gobierno; su interés real es que el gobierno escuche las voces de todos los venezolanos, que cada ciudadano tenga la libertad de dar su opinión y pueda disentir sin temor a represalias.

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"No podrá con nosotros el imperio yanqui ni la burguesía (...) No podrán con nosotros manitas blancas, burguesitos, apátridas y apatriditos".[1]

El país no está en guerra. Aquí nadie representa los intereses yanquis. La lucha de clases entre los patriotas socialistas y los burgueses apátridas - o contra los yanquis - no es más que una fantasía.

De la misma forma que Don Quijote veía gigantes desaforados donde sólo había molinos de viento, este gobierno ve a traidores, espias y enemigos donde lo único que hay son ciudadanos que reclaman sus derechos.

Pero no se puede esperar nada distinto de un gobierno que promueve valores militaristas y autocráticos. Aunque cuente con el apoyo de la mayoría, un gobierno no tiene derecho a reprimir o perseguir como criminales a las personas que disienten. Es necesario acabar con ese esquema militarista en el cual todo es visto como campañas de guerra y batallas, donde aquel que cuestione al líder es un traidor o un enemigo, y ese es el verdadero mensaje de fondo de los estudiantes. No es luchar por derrocar a Chávez, es luchar para acabar con las prácticas militaristas y persecutorias. La lucha es para iniciar el diálogo entre ciudadanos. Y para eso es necesario reconocer en el otro a un ciudadano. Un ciudadano que no es enemigo, sino un aliado, aunque tenga ideas distintas.

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"La patria venezolana o es socialista y bolivariana o no es patria. ¡Patria socialista o muerte, Venceremos!".[1]

Venezuela es bolivariana, porque así lo dice nuestra Constitución. Pero esa misma Constitución proclama el pluralismo político, por lo que no puede ser un estado socialista.

El gobierno afirma que la doctrina bolivariana es su guía. Pero, por qué no usar entonces el lema "Patria bolivariana o muerte"? Es que acaso las ideas de Lenin, Stalin, Mao y Fidel son más importantes que las de Bolívar? Pues, eso parece...


[1] http://politica.eluniversal.com/2010/02/05/pol_art_manitos-blancas-has_1753031.shtml
[2] http://www.dailymotion.com/video/x85kxa_la-entrevista-maraco_news

lunes, 18 de enero de 2010

ya tocamos fondo?

Estamos mal. Bastante mal. El sistema eléctrico y el sistema de acueductos están al borde del colapso y sometidos a los caprichos del clima como consecuencia de la falta de planificación y ejecución. Las deudas de PDVSA han crecido hasta cuadriplicarse mientras la producción petrolera declina y el resto del aparato productivo - incluyendo la industria siderúrgica se atrofia.

Hace 10 años pensabamos que no podíamos estar peor? Y miren donde estamos ahora!
Estamos mal ahora, pero siempre puede ser peor. No estamos todavía en nuestro punto más bajo, aunque parece que el gobierno hace su mejor esfuerzo para llevarnos hasta allá lo más pronto posible.

El país lleva 30 años en crisis. La crisis institucional de Venezuela no nace en la última década; se remonta a finales de la década de los 70, cuando la bonanza petrolera desencadenó dos problemas que hasta el día de hoy no se han resuelto: la enfermedad holandesa y la corrupción crónica.

Ambos son problemas clásicos de los estados petroleros. El primero es producto de una mala administración de los altos ingresos petroleros, que hacen que ingrese una cantidad de dinero inmensa al país y producen inflación. El segundo es producto de una sociedad inmadura con una democracia débil, en la que las relaciones personales y el nepotismo tienen mayor importancia que las leyes o las instituciones.

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El primer problema no es difícil de remediar. Un fondo de estabilización represaría el superávit petrolero y permitiría además ahorrar para la época de las vacas flacas. De hecho, desde la década pasada se introdujo ese mecanismo en el estado venezolano y funcionó con cierta seriedad en sus comienzos. Quizás su éxito se debió a que era la época de las vacas flacas.

Aunque el fondo de estabilización es una buena idea, sólo funciona si el gobierno no lo use cada vez que necesite subir su popularidad. Si el criterio de uso del fondo de estabilización es el populismo, entonces el fondo no servirá para nada. Eso es lo que ha pasado desde hace unos años, cuando una asamblea (irresponsable) decidió que era buena idea dejar al arbitrio de una persona (que depende de su popularidad) el control de ese dinero. Con la consecuencia de que no sólo se han gastado buena parte de esos ahorros, sino que además se ha pedido prestado (y regalado) dinero cómo si nos fueramos a ganar la loteria todos los días.

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El segundo problema es mucho más complicado. Corrupción no sólo se limita al enriquecimiento ilícito, sino también está relacionado con el tráfico de influencias. Pero, cómo cambiar la forma en que se hacen las cosas en todos los niveles del país?

El nepotismo es la cara más evidente del tráfico de influencias y es una práctica corriente en nuestro país. Concursos de oposición. Contratos y licitaciones. Cargos de confianza. Son raros los casos en que el nepotismo no es el factor determinante para hacer negocios o contratar a una persona. En todos los niveles de la sociedad sucede eso. Cómo combatir contra eso cuando es una práctica común? Cúal es el límite de lo permitido?

Algunos dirán que eso también sucede en otros países: en Alemania se le dice Vitamin B, en los de habla inglesa lo llaman cronyism y para los franceses es copinage. Así se puede ver como Jean Sarkozy, el hijo del presidente de Francia, es postulado a un cargo para el cual difícilmente está calificado, o como el nuevo comisionado de Alemania en la UE, Günther Oettinger, arrastra consigo acusaciones de tratar de beneficiar con contratos cuestionables a contribuyentes de su campaña.

Es evidente que estos casos no justifican lo que sucede en Venezuela. Pero cómo combatir estas prácticas tan comunes y aceptadas entre los venezolanos? Cómo combatir contra esto cuando es un hecho público y conocido de que una alta funcionaria de la Asamblea Nacional usa sus privilegios para emplear a docenas de familiares en las oficinas del poder legislativo?

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Este gobierno tiene ya once años. Las mejoras económicas son un mero espejismo que acabará cuando la bacanal petrolera llegue a su fin, pero todavía seguimos esperando que se acabe con la corrupción, venga esta en la forma de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, abuso de poder o tráfico de influencias.

Las cosas están mal. Y no mejorará mientras no se cambien la forma en que hacemos las cosas. Si se quiere un nuevo comienzo que nos permita dejar atrás estos 30 años de dificultades, es necesario entrar al gobierno escoba en mano y limpiar la casa. Sé que tenemos muchos problemas que atender, pero el primer paso debe ser este. Sin este paso fundamental, no saldremos del abismo.

martes, 12 de enero de 2010

caída

Apenas ahora empiezan a vislumbrarse las secuelas de la devaluación. Si, puede llamarlo ajuste cambiario si a Ud. le place, pero eso no es más que politiquería. La cruda realidad con la que amanecemos es que el bolívar "fuerte" ha perdido valor. Vale menos. Se devaluó.

El gobierno ahora reconoce la existencia de tres tipos de dólar [1]: el de mercado negro, el petrolero y el subsidiado. El precio "real" del dólar se ubicaría entre el del mercado negro y el del petrolero (BsF. 4,30), pues el precio de BsF. 2,60 por dólar - destinado a la compra de alimentos y bienes prioritarios - no es otra cosa que un subsidio del gobierno a estos rubros.

Esta cifra - BsF. 2,60 - revela dos hechos importantes: Primero, los alimentos importados sufrirán un incremento de 20%, producto del aumento del dólar subsidiado de BsF. 2,15 a BsF. 2,60. Este incremento naturalmente no será absorbido por los comerciantes, sino que será trasladado al consumidor final. Esto significa que en el transcurso de las próximas semanas Ud. podrá comprar 20% alimentos de los que compraba hoy.

Segundo, la producción nacional de alimentos no se verá incentivada en mayor medida por un incremento de precios de un 20%. Por qué? Porque otros costos asociados a la producción de alimentos como el transporte, personal, etc. no serán subsidiados por el gobierno. Además de esto, cualquier posible ganancia se evaporará ya que persisten el control de precios, la inflación y el control cambiario. Si a esto sumamos que cualquier iniciativa privada siempre es una víctima potencial de futuras expropiaciones, cualquier esperanza de producción nacional nace herida de muerte.

Lo peor de todo es que la situación económica no mejorará con esta devaluación, pues el gobierno no tomará medidas económicas esenciales para desacelerar la inflación como lo sería por ejemplo la reducción del gasto fiscal. Por el contrario, siendo este un año electoral y con el doble de efectivo (en BsF.) en el bolsillo, el gobierno arreciará su clientelismo y propagandismo, esto es, echar dinero a la calle para hacer creer que seguimos en los años de bonanza petrolera.

Ya desde hace varios años, diversos economistas advierten sobre el efecto que produce la expansión del gasto fiscal, pero eso no detendrá al gobierno: el gasto fiscal seguirá desatado y la inflación seguirá su curso.

Será apenás en los próximos meses cuando se los efectos de esta medida se harán sentir. No obstante, iniciar los primeros días del año con una inflación de 20% no es un inicio promisorio.

[1] http://www.elpais.com/articulo/opinion/Brutal/insuficiente/elpepiopi/20100112elpepiopi_2/Tes/

jueves, 29 de octubre de 2009

elecciones legislativas

Si, si. Puede resultar desagradable toda la disputa que sucede en la oposición en torno a la selección de los candidatos para las elecciones legislativas. Que la mesa unitaria es cualquier cosa menos unitaria. Que se debe recurrir a primarias. Que la selección de los candidatos no puede ser dejado en manos de un cogollo. Que no podemos regresar a las prácticas de la cuarta república, etc.

Entiendo que haya desencanto con todo esto. No es lo perfecto, pero el asunto es que lo perfecto no puede ser enemigo de lo bueno. No se puede olvidar que el conflicto no es entre democratas, sino entre el autoritarismo revolucionario y la democracia.

Qué hay de bueno en todo esto? Con suerte, un grupo de candidatos en torno a los cuales la oposición pueda reunirse. No niego que se corre el riesgo de llegar en un futuro a una situación de agotamiento de este trabajo de consenso, como sucede hoy en día con la Concertación en Chile, pero creo que ese es un problema cuya solución ya procuran algunos actores políticos.

Confío en que el movimiento popular que se reúne en torno a la figura de Leopoldo López - quien confieso me resulta más tolerable en esta época en que no puede aspirar a ningún cargo político - promete una alternativa saludable que renovará la política nacional en la próxima década.

Creo que se debe dar tiempo a los partidos y actores políticos para llegar a una solución. La democracia es compromiso, es consenso. Y para llegar allí, es necesario negociar. Esto puede tomar su tiempo, pero la necesidad hará que se llegué a una solución.

Quizás la solución no sea la más bonita de todas, pero sin lugar a dudas será mejor que la alternativa: un gobierno conflictivo que invierte más en armamento que en la educación o en la salud del pueblo; un gobierno que financia gobiernos extranjeros mientras nuestros gobiernos regionales regatean un incremento en su presupuesto. El chavismo es, en todo caso, la minoría más grande del país. No se puede permitir que esta minoría imponga su voluntad sobre todo el mundo.

martes, 4 de agosto de 2009

los medios

Parece que este gobierno se olvidó que el gobernar es procurar el bienestar de personas de carne y hueso, con aspiraciones y necesidades, pero también con talentos y capacidades.

No se trata de liberar a masas explotadas, a gente oprimida o a víctimas del colonialismo, de la globalización o del maldito imperio. Se trata de atender las demandas de personas que quieren un trabajo, una buena educación para sus hijos, un plato de comida sobre la mesa y un techo seguro sobre sus cabezas.

A esta gente que carajo le importa la fulana "democratización del espectro radioeléctrico"? A ellos lo que les importa es que a partir de ahora no van a poder escuchar los programas que ellos querían oir. A ellos les importa que en octubre próximo no van a poder ver escuchar el partido de beisbol porque a algún huevón se le ocurrió que eso no importaba y que el beisbol es imperialista y alienante y quien sabe que otra pendejada.

Los medios no son responsables de la inflación, de la crisis económica de las protestas de obreros

Los medios cumplen su función como siempre lo han hecho en Venezuela: demandar de nuestros gobernantes una labor transparente y que satisfaga nuestras necesidades. El único problema es la hipersensibilidad de este gobierno a la crítica y la superlativa incompetencia de sus integrantes para resolver nuestros problemas más urgentes.

Pero cada ladrón juzga por su condición. Como el gobierno ve a los medios como instrumentos de manipulación y propaganda, no puede sino pensar que todos hacen lo mismo. Típico pensamiento de los gobiernos totalitarios.

Sin prensa libre, no hay posibilidad de que la democracia funcione. Es necesario que los medios hablen, cuestionen y critiquen al gobierno y a los políticos, que desnuden al rey y ventilen lo que se oculta detrás de las cortinas de palacio. De allí viene el aire que impide que la podredumbre se estanque en los pasillos del poder.

lunes, 3 de agosto de 2009

desatinos y la libertad de expresión

"Creo que el nivel de libertad de expresión es satisfactorio" [1].

Otra frase del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, que bien podría pasar a la posteridad, de no ser que existen en su desafortunada carrera docenas de torpezas de calibre semejante.

Pero esta frase - más allá de la indignación que pueda causar, debe ser entendida dentro del contexto. Desatinos pocas horas antes firmaba acuerdos económicos que beneficiaban a España y a sus empresarios. Y es que mientras no se toquen los intereses económicos de las empresas españolas, poco importa lo que suceda aquí. Esto no es ninguna sorpresa para nadie, pero igual ofende la inteligencia. Bien dicen por allí: los países no tienen amigos, sino intereses.

Y qué mejor replica al "por qué no te callas?" espetado por el rey Juan Carlos que silenciarlo con un bozal de petróleo a precios de descuento? Como si España fuera uno de esos países del Caribe urgidos de ayuda económica del gran benefactor, se dedica a vender el "certificado de país democrático" a muy buen precio. Dinero por acá, dinero por allá, y aquí no pasa nada.

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En Venezuela hay libertad de expresión a pesar de los esfuerzos del gobierno venezolano por aniquilarla. Y es que quienes siguen alzando su voz contra el régimen venezolano lo hacen sin ninguna garantía de que se respeten sus derechos, como lo demuestran los casos de Patricia Poleo, Jose Rafael Ramírez y Óscar Azocar, exiliada la primera y en cárcel los otros por falsas acusasiones y un sistema de justicia que mal merece su nombre. O el caso de Orel Sambrano, asesinado por un sicario por sus consecuentes denuncias en contra del narcotráfico. O las acusasiones contra Rafael Poleo (y el programa Aló ciudadano) por atreverse a pronosticar un futuro semejante al de Mussolini para el presidente si no cambiaba su línea de conducta.

Y no podemos dejar de mencionar por supuesto el caso RCTV, canal al cual el Tribunal Supremo de Justicia le arrebató sus equipos de transmisión violando los principios más elementales de propiedad privada, o las decenas de emisoras que han sido clausuradas y serán clausuradas en los días por venir.

Y todos saben perfectamente que la única y principal razón para clausurarlas es que sus denuncias y críticas al gobierno incomodan al régimen. Porque nada se hace contra las decenas, o tal vez cientos, de emisoras piratas que funcionan a lo ancho y largo del país, pero que llenan su programación con retransmisiones de discursos del comandante-presidente o propaganda pro-gobierno. Todos saben perfectamente que estas emisoras no cerrarían si tuvieran una programación que endulzara el oído del régimen.

Y es que no hay libertad de expresión porque el gobierno sea democrático, sino porque el gobierno no ha podido, a pesar de todas las truculencias legales a las que recurre, silenciar la creciente insatisfacción ciudadana causada por su pobre desempeño. La ley resorte, la no renovación de las concesiones a medios de acuerdo a lineamientos puramente políticos, la eliminación de publicidad de entes estatales en medios con líneas editoriales críticas y la clausura de emisoras bajo argumentos insostenibles son sólo parte de la campaña sistemática para evitar que los medios cumplan con su labor informativa.

El último clavo del ataúd de la libertad de expresión es la ley de delitos mediáticos, que convierte en crimen cualquier opinión o comentario que sea emitido a través de un medio de comunicación y que que el régimen pueda considerar desagradable. Porque si bien la propuesta no lo dice de forma clara y directa, la decisión de cuales opiniones o noticias atentan contra la "seguridad de la nación" y del "bienestar social" depende de la opinión personalísima del funcionario sobre quien trate la información o del gendarme de turno.

En pocas palabras: si el funcionario se siente ofendido, independientemente de si la información emitida es verdadera o falsa, puede alegar que la información atenta contra la seguridad del estado o la paz social y los jueces y fiscales leales al gobierno tomarán esto como base suficiente para emprender acciones legales contra la persona que dió la información y enviarla a la cárcel.

La libertad de expresión de todos no puede depender de criterios tan vagos y abstractos como "seguridad del estado" o la "paz social". Es mejor correr el riesgo de que se abuse de la libertad de expresión que correr el riesgo de aniquilarla totalmente.


[1] http://www.elpais.com/articulo/espana/Hay/buscar/solucion/Gibraltar/satisfactoria/todos/elpepiesp/20090802elpepinac_12/Tes

domingo, 12 de julio de 2009

Honduras y la democracia en latinoamérica

Ha transcurrido ya un mes desde la destitución del presidente Zelaya en Honduras. Todas las figuras políticas, instituciones e intelectuales no han perdido tiempo en fijar posición y criticar el golpe de estado y la expulsión del presidente Zelaya a Costa Rica.

Todos califican al golpe de estado como antidemocrático. Algunos lo hacen de forma altisonante, otros no tanto. Se dice que ha sido un atentado contra la democracia. Un hecho violento que no tiene justificación. Un retroceso a los peores tiempos en la historia del continente. En pocas palabras, todos tratan de cubrirse las espaldas.

Admito que toda la situación luce antidemocrática. Lo correcto habría sido proceder a la destitución del presidente y su posterior enjuiciamiento. Existe abundante evidencia en contra de Zelaya como para hacerlo. Así funcionan las cosas, en teoría, en un sistema democrático. El problema es que el presidente Zelaya es cualquier cosa menos un demócrata a carta cabal.

Qué hacer con un presidente que está dispuesto a todo - incluso el uso de la violencia y la intervención de un gobierno extranjero - para salirse con la suya? Si el presidente Zelaya estuvo dispuesto a recurrir a grupos violentos para ingresar a una base militar y recuperar material para un referendo ilegal, que no estaría dispuesto a hacer para no ser destituido? No se trata pues, de la destitución de un demócrata, sino de un aspirante a dictador.

La solución a la que recurrieron los otros poderes constituidos - el legislativo y el judicial - fue sacarlo del país y proceder a solucionar el problema una vez removido el factor de perturbación. Y es que todos coinciden en que los militares actuaron bajo órdenes del poder judicial. Qué no fue una solución elegante o limpia? Definitivamente no lo fue. Y Honduras pagará las consecuencias de no cuidar las formas: los meses por venir no serán sencillos. Pero los riesgos que implicaba la alternativa - destitución y un posible conflicto armado - no habría sido mucho mejor.

Entiendo la preocupación internacional por guardar las apariencias. Se debe tratar de conseguir una solución concertada que lave la cara a Honduras, pero no se puede ignorar el hecho de que el ex-presidente Zelaya no fue removido - como recientemente oí decir al presidente Oscar Arias - por que se trataba de una figura impopular o incómoda, sino por atentar contra los principios democráticos consagrados en la constitución de Honduras. Parece contradictorio insistir en restituir a Zelaya en la presidencia mientras el siga proclamando que hará todo lo posible por irrespetar las leyes de su país.

Sin lugar a dudas, el apoyo internacional al presidente Zelaya no puede ser incondicional, sino condicionado al respeto de las normar democráticas que el tanto insiste en ignorar.

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La situación en Honduras, así como en Bolivia, Venezuela y Ecuador, debe servir para abrir un debate sobre el significado real y los peligros que afronta la democracia en latinoamérica en el siglo XXI, una época en que las dictaduras militares del siglo XX parecen haber quedado en el pasado, pero nuevas formas de gobiernos populistas parecen aprovechar las debilidades del sistema democrático para perpetuar en el poder a autocratas carismáticos.

viernes, 5 de junio de 2009

el chavismo es necesario?

Las causas que dieron origen al chavismo siguen presentes luego de diez años: pobreza, exclusión e incapacidad del gobierno para responder a las demandas de educación, salud y seguridad de la población.

El chavismo es un movimiento populista que nace como respuesta al incipiente elitismo que se originaba durante las décadas de los 80 y 90 producto de la distribución desequilibrada de los recursos de la renta petrolera. El chavismo no es otra cosa que una necesidad de la sociedad para responder a una percepción - real o imaginaria - de que el sistema político y social del país estaba en decadencia.

El problema no es la existencia del chavismo. El chavismo es un mecanismo que ha permitido a los grupos excluidos de los estratos sociales mas desfavorecidos expresarse y defender sus intereses. El problema es que esta vía de expresión no ha permitido - más allá de lo que diga la propaganda gubernamental - responder a las necesidades reales de este sector de la población.

En lugar de dedicarse a mejorar las condiciones de hospitales y escuelas públicas, de reducir la excesiva burocracia, luchar contra la corrupción o humanizar los cuerpos de seguridad del estado, ha desperdiciado los últimos 10 años en innecesarias confrontaciones políticas y en el establecimiento de un proyecto político internacional que no resuelve nuestros problemas.

Entiendo la tentación de hacer tábula rasa con la política nacional, el deseo de refundar un nuevo sistema político, un nuevo país, ignorando las lecciones que debemos aprender. Porque el chavismo es una realidad que no desaparecerá de la noche a la mañana, así como no se pueden borrar los cuarenta años de democracia previos.

Partiendo de esta realidad, es necesario que el chavismo se convierta en un movimiento político efectivo, no efectista. Un movimiento que responda a las necesidades reales de la población y no a necesidades creadas por sus líderes. Porque el chavismo que existe hoy en día no es de ninguna utilidad a nadie salvo a las nuevas élites que disfrutan de las mieles del poder. Es necesario que el chavismo que realmente representa las necesidades de la población dé un paso al frente y deje a un lado a los grupos con ambiciones hegemónicas que pretenden negar los derechos de la otra mitad del país.

Así mismo, es necesario que la oposición madure, que desarrolle una visión política propia, que sea más que una emulación del chavismo. Una visión de país que permita la elaboración de una propuesta que responda a las demandas de la población.

La política no puede limitarse a una competencia en la que unos se conforman con ser menos malos que la competencia. Debe ser una lucha por tratar de llevar las mejores ideas - y personas - a las posiciones de liderazgo de nuestro país.

lunes, 1 de junio de 2009

ante la incertidumbre

La sensación de incertidumbre es tan desagradable para el hombre, que prefiere tener por cierta una falsa creencia antes que no tener nada a que aferrarse...

Las doctrinas políticas nacen de esta necesidad natural de reconfortarnos en un mundo donde la incertidumbre es la regla. Lamentablemente, esto hace que la política termine siendo una letal mezcla de 50% grandes mentiras y 50% vanas esperanzas.

No sería maravilloso si todo fuera tan simple como lo anuncian nuestros dirigentes políticos? Al revisar cualquier discurso de los políticos, poco parece importar si tiene o no idea sobre como afrontar la situación. Lo importante es que pueda transmitir seguridad a la población. La gente prefiere al orador elocuente, al demagogo por excelencia, en especial en situaciones críticas en las que la gente empieza a ser víctima de la desesperación, antes que oir las voces ponderadas que admiten que la incertidumbre es algo con lo que todos, TODOS tenemos que lidiar.

Las ideologías - esos constructos teóricos que pretenden explicarlo todo - siempre terminan siendo callejones sin salida que no llevan a ninguna parte. El socialismo o el liberalismo económico no han terminado por rendir los frutos prometidos, porque son doctrinas cuyas raíces no encuentran sustento en la realidad. El socialismo se empeña en imponer las necesidades del grupo sobre el individuo, cosa que es antinatural al hombre. El liberalismo, por su parte, pretende ignorar las dificultades políticas que trae la desigualdad social y económica. Y entre esas dos ideologías, la más tentadora de todas, no termina de cumplir sus promesas: la democracia.

Y es que la fé ciega en el sistema democrático también conlleva sus peligros. Ya desde sus orígenes más primitivos, distintos pensadores advertían contra el riesgo de que la democracia derivara en una oclocracia o una oligocracia. No obstante, poco parece importar eso a las personas que la defienden hoy sin reflexionar en estas desviaciones del ideal democrático.

También se advierte desde hace mucho contra el riesgo que representaba que las personas con talento para la oratoria - los demagogos - lograran manipular a la masa e imponer su opinión sobre la de personas mejor preparadas pero menos elocuentes.

Y es que en esta era moderna, donde la imagen parece ser lo más importante, nadie daría su voto a un candidato que dijera que no tiene las respuestas para todo, que el mundo es un sitio lleno de incertidumbres y que el tratará de tomar las mejores decisiones pero que no puede garantizar que no se equivocará porque no es un ser perfecto.

Al final, todo sistema político se basa en que el líder nos transmita la sensación de que tiene todo bajo control y que sabe lo que hace. Y al hacer eso, nos tratamos de dar una falsa sensación de seguridad ante un futuro que no podemos predecir. Una sensación de falsa seguridad, pero que necesitamos instintivamente para seguir con nuestras vidas.

Mientras tanto, seguimos en una carrera hacia el fondo, pero con la falsa sensación de seguridad que nos da el haber encontrado al elegido que nos sacará de las tinieblas. Y mientras más cerca del fondo estemos, más nos hará falta un ungido.